Mr. Trump, tear down that wall

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Mr. Trump, tear down that wall

La libertad y la democracia son dos de los valores fundamentales de los Estado Unidos, según dicen los gringos. Tales conceptos los manifiestan con una variedad de símbolos como son el águila rampante y la mundialmente famosa Estatua de la Libertad. De hecho, en nombre de la libertad es que los Estados Unidos han intervenido en los asuntos internos de no pocos países del mundo. Muchas de las veces con la directa intervención militar; otras, de manera soterrada, a través de la vía diplomática, la conspiración y el golpismo.

Basta recordar el golpe de Estado contra el primer gobierno democrático de México en el siglo XX; el derrocamiento y asesinato del presidente Francisco I. Madero mediante una conspiración conocida como el “Pacto de la embajada” (de EU), fraguada por el embajador Henry Lane Wilson, valiéndose de Victoriano Huerta.

Otro golpe militar que fue modelo de la Guerra Fría fue el derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala (1954), un general progresista electo de manera democrática acusado de socialista por haber implementado una reforma agraria que afectaba los intereses de la United Fruit Company, cuyos propietarios eran, entre otros, John Foster Dulles, secretario de Estado norteamericano, y su hermano Allen Dulles, nada menos que el director de la CIA. Cabe mencionar que el golpe militar fue orquestado por el embajador gringo John Peurifoy y el coronel traidor Carlos Castillo Armas. A la United Fruit Company se le atribuyen genocidios como la llamada “Masacre de las bananeras” de 1928, en Colombia, donde murieron cerca de dos mil jornaleros en huelga contra la transnacional.

Asimismo, la dictadura más sanguinaria de Chile fue auspiciada por Richard Nixon y su secretario de Estado Henry Kissinger. El militar traidor y genocida fue, en este caso, Augusto Pinochet. El presidente Salvador Allende, electo de manera democrática, terminó muerto al consumarse el golpe aquel fatídico 11 de septiembre de 1973.

Wilson, Dulles y Kissinger son una muestra de la política exterior norteamericana con el sello de la intriga, la represión y el genocidio. Otros como Hoover (Edgar), McCarthy, McNamara, Bush, Heig, North, Helms y Arpaio son parte de esa galería de halcones del Partido Republicano que han sido una verdadera amenaza para México y gran parte del mundo.

Por todo ello, no deberían de extrañarnos ahora las amenazas del magnate republicano Donald Trump al frente del país más poderoso del mundo que por desgracia, es nuestro vecino y socio comercial.

Y es que los intereses norteamericanos siempre serán superiores a cualquier anhelo de amistad, de conciliación o buena voluntad. Y si hubo un presidente republicano, como Ronald Reagan, que fue a exigirle al máximo líder soviético frente a la Puerta de Brandeburgo que derribara el Muro de Berlín (Mr.

Gorvachev, open this gate. Mr. Gorvachev, tear down this wall!); ahora tenemos al republicano Donald Trump pretendiendo levantar un muro similar al de Berlín pero en la frontera con México; Mr. Trump, tear down that wall!, habrá entonces que gritarle.

O de plano habrá que borrar de la Estatua de la Libertad la inscripción que por muchos años ha sido la esencia de un país que engrandecieron los migrantes que llegaron de todas partes del mundo en busca del sueño americano: “¡Venid los triste, los pobres, las multitudes perseguidas que ansían respirar aires de libertad!

¡Vengan esos que no tienen hogar, los que han sido arrastrados por la tormenta! Yo levanto la luz sobre la puerta de oro para que puedan entrar”.

Ojalá y recapacite Donald, después de leer este artículo. De seguro lo conmoverá.