La piedra angular de la Cuarta Transformación de México habría sido el combate a la corrupción; en el frente administrativo con el mero ejemplo del Burócrata Supremo y, en el flanco civil, a través de un decálogo dictado también por él y materializado en un manual de principios sin mayor trascendencia llamado la Cartilla Moral.

Y no importan cuán patéticos le resulten estos dos esfuerzos (el jerarca auto designado como paradigma de buena conducta y la emisión de aquel panfletillo de propaganda), representaron estos las embestidas más serias a las prácticas corruptas que plagan la vida pública nacional. Fuera de ello, nada ha hecho la mentada 4T o su Pontifex Maximus para contener el grave problema que mina el estado de salud general de toda la sociedad y que se suponía era la gran prioridad del presente Gobierno.

No lo digo yo, lo pregonó sin descanso durante dieciocho interminables años de campaña el hoy occiso (no es que esté difunto pero ¡ah, qué bien nada de a muertito el cabrón!); el Jefe del Ejecutivo Nacional y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, Andrés Manuel “Macanazos” López Obrador.

La supuesta actitud de AMLO frente a la corrupción le valió en buena medida el triunfo de 2018 y es que, en honor a la verdad, su tesis por muy rústica, elemental y escueta, no carecía por ello de sentido: Abatir la corrupción representaría un ahorro enorme para el gasto público, mismo que se podría invertir en mejorar la calidad de vida de los mexicanos y en elevar la competitividad del País. 

Y no es que don Andrés lo tuviera del todo claro, pero como que lo intuía: Recuerdo cuando los medios dejaron de tomarse a broma la candidatura de López ‘Obradiurs’ y, una vez convencidos por las tendencias de que sería el siguiente Presidente de México, comenzaron a formularle preguntas sobre cómo haría esto o aquello, cómo resolvería tal o cuál, cómo afrontaría equis o ye. Y a falta de un discurso articulado, ‘ANLO’ regresaba invariablemente a su tablita de salvación retórica: “Acabando con la corrupción”.

México le dijo entonces al Necio de Reforma: “¡O.k. va! ¡Te la compro! No necesitas estar preparado, ni ser un gran estadista, ni un luchador social. Sólo encárgate de combatir la maldita corrupción”.

Pero, llegada la hora, ¿cómo encara AMLO Presidente a la corrupción en México? ¿Cómo aborda el reto capital de su administración ahora que tiene facultades más allá de la pura homilía?

Sometiendo, ni más ni menos, a consenso popular la cosa más obvia, bobalicona y absurda en la historia de las cosas obvias, bobaliconas y absurdas.

ANLO2024: “¿Quieren ustedes que se investigue a los ex presidentes malos y que se les meta al bote?”.

Clamor popular: “¡Siiiiiií!”.  

AMLOElMejorPresidente: “¡Pos se chingan… porque ‘toy’ viejito y no ‘puelo’!”.

Pasa que la consulta mentada está diseñada precisamente para dilatar el cumplimiento de la promesa de perseguir y castigar a los corruptos. Es decir, es una excusa interpuesta por el propio Andrés ‘Calagarto’ para no tener que hacer lo que no quiere hacer pero ya le dijo a todos que sí lo iba a hacer.

Primero solicita una consulta inviable bajo el marco legal de cualquier país medianamente civilizado, por tratar de someter a la voluntad popular el destino jurídico de individuos con nombre y apellido. La Suprema Corte por supuesto se la rechaza:

“¡Ahhhh, ya ven! ¡El Poder Judicial no quiere que meta al bote al borracho de Calderón! ¡Urge legislar!”.

Quiere luego hacer la consulta sin desembolsar un peso, claro, porque un esfuerzo logístico de esta magnitud se hace solo (como en la vacunación que casi te piden que lleves tu propia torunda mojada en alcohol). Y se vuelve a quejar:

“¡Ahhhh, es el INE! ¡Ellos no quieren que investigue a Peña Nieto y a Felipe Calderón que fue ex presidente durante su sexenio!”.

Para que fuera procedente la necedad de AMLI-bebé, le tuvieron que redactar una farragosa pregunta que cuando se traduce al buen castellano dice básicamente, palabras más, palabras menos: “¿Está usted de acuerdo en que me deje de hacer pendejo, cumpla mis promesas, haga valer la ley y se aplique todo el peso de la justicia a quienes infrinjan y/o hayan infringido la ley, dentro de los términos legales marcados por la Constitución?”.

-No, pos fíjate que no quiero… ¡Ahí pa’ l’otra… a la vuelta, joven!

¡Pos claro que sí, pelmazo! ¿Qué maldito resultado esperas obtener de semejante ejercicio de la futilidad y lo evidente? 

Al final, como la pregunta no dice nada y no le faculta a nada extraordinario para lo que no esté ya facultado el día de hoy, va a salir con que no le dejaron hacer las cosas a su modo, que él quiere pero no lo dejan y que es necesaria una reforma.

Ese es el combate a la corrupción en tiempos de AMLOVE, cansina, socarrona, llena de pretextos pero sobre todo, inexistente. 

Había que redondearlo, sin embargo, en la manera en que esto define la relación del Presidente con los corruptazos de nuestro Estado, sólo que tendrá que ser en la tercera y última entrega de esta emocionante saga. Nos leemos el jueves, si Baphomet quiere.