Mohamed en estado neutro

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Mohamed en estado neutro

La estadía de Mohamed en Rayados se consume entre discursos confusos y un equipo que no emite mensajes claros. El técnico dice estar tranquilo, pero no se le ve cómodo. Está, en todo caso, en un estado neutro y se lo trasmite al grupo.

Su idea futbolística no termina de traducirse en hechos y, ante todo, sabe que está en deuda consigo mismo. Definitivamente, cuando Mohamed llegó al club se imaginó un escenario muy distinto al que está viviendo.

Hoy es consciente de que no ha logrado establecer un vínculo tan estrecho como suponía con la afición, quien fuera su principal aliada para que aterrizara en el club. Los directivos han consentido a su masa de simpatizantes, Mohamed aún no. Se ha quedado corto para instalar ese sentido de pertenencia que, por identificarse con los colores, se creía asunto arreglado.

Mohamed ha pasado de aquella ilusión primaria al actual desencanto popular. Su recurrente autocrítica, a cambio de fortalecerlo, lo condena. De poco sirve reconocer una y otra vez los errores cuando se cae en una espiral de reincidencia.

Lleva meses buscando un estilo y experimentando. Lo suyo parece ser más una extensión de la gestión de Carlos Barra, donde todo está atado a la improvisación y a las individualidades, lo que genera cierta ficción.

Acostumbrado a posicionar su nombre y a dar golpes mediáticos con equipos que le resultan efectivos a corto plazo por diversos factores influyentes (Tijuana, América…), en Rayados, Mohamed se ha topado con una realidad más tormentosa: ocupa ser más entrenador que técnico.

Necesita enseñar más, educar y pulir. Las sucesivas pruebas sobre la marcha confirman su confusión. Las fallas tácticas elementales también lo exhiben. Se observan vicios crónicos que delatan la falta de acentuación y corrección en conceptos futbolísticos puntuales.

Mohamed tomó un plantel viciado, apagado, frágil y, pese a otros intérpretes, no lo ha podido catapultar. Presume que trabaja, pero su equipo es colectivamente improductivo. Se sostiene y suma gracias al talento individual, tal y como lo viene haciendo Monterrey en los últimos torneos.

Puede que haya algunos picos de progreso, pero entre demasiados vacíos todo se evapora, nada se proyecta, ni siquiera en dos partidos seguidos. La ecuación en la cancha no cierra y esto atenta contra la credibilidad del DT y se le reduce el crédito. El futbol es de resultados, pero también se requiere, mínimamente, de un plan para conseguirlos.

Además, existe una gran diferencia entre tener un equipo hecho –como los que les gusta potenciar a Mohamed- y tener que hacer un equipo.

Siempre será mucho más sencillo para un DT operar con jugadores compatibles, en plenitud, con ambiciones altas y rendidores en campañas exprés. Lo difícil es estimular y explotar las capacidades de los futbolistas en un contexto adverso, y Mohamed, hasta ahora, no ha ofrecido garantías de que pueda ajustar las piezas y llevar al equipo a su punto justo.

Esa impotencia orilla al argentino a refugiarse en justificativos que poco convencen. Ya aclaró que lo suyo se identifica más con los sucesos que con los procesos. Es decir, vive con intensidad el momento y le saca a los proyectos extendidos.

Esto sugiere que Rayados está en las mismas: aún no tiene un modelo definido hacia a qué le tira. Lo de Mohamed será otro técnico pasajero. Desde que se puso una potencial fecha de caducidad (mayo), con ello ya truncó su gestión en el club antes de consolidarla. Un mensaje que debilita el compromiso y no le conviene a nadie.