Mirador 28/10/15
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Mirador 28/10/15
Jan Neruda escribió un hermoso cuento. No sé si lo recuerdo bien. Aquella mujer había tenido dos enamorados. Los dos la cortejaron y a los dos quiso bien. La vida, sin embargo, los apartó de ella, y con ninguno se casó. No se casó con nadie: se hizo una de esas viejucas solitarias que viven de recuerdos.
Cada mes la ancianita compraba dos grandes ramos de flores e iba al cementerio donde sus dos amores dormían el sueño de la muerte. Temía ofender a uno si iba primero a la tumba del otro. Para evitarlo llevaba consigo a una niña y le pedía que fuera delante de ella. El camino que la niña tomaba determinaba cuál de los dos muertos amados recibía antes su ramo.
Se van aquéllos a quienes amamos y que nos amaron, pero nunca se van las memorias de nuestro corazón.
En él viven quienes por ser recordados no morirán jamás.
¡Hasta mañana!...