Mirador 19/12/15
Usted está aquí
Mirador 19/12/15
¿Recuerdas, Terry, amado perro mío, cuando en las tardes invernales encendía yo la chimenea de la sala y me sentaba en el sillón a leer un libro? Tú te tendías a mis pies, como en una perfecta ilustración de Norman Rockwell.
Hace unos días vi una estampa que me conmovió. Representaba una escena semejante. Sólo que en el sillón no había nadie. Al lado, sobre una pequeña mesa, estaba una pipa que nadie usaba ya. Por la ventana se veía, en la puerta, un luctuoso moño. El perro, triste, parecía preguntar a dónde se había ido su amo.
Soy yo quien en estos días extraña más tu ausencia, Terry. No miro reflejadas en tus ojos las cintilaciones de los foquitos que prenden y se apagan en el árbol de Navidad, ni el resplandor de las llamas en la chimenea. Cierro el libro, y no te pones en pie para preguntarme sin palabras: “¿Has terminado de leer? ¿Nos vamos ya a dormir?”.
Ahora que ya no estás conmigo, Terry, es cuando más estás. Tu ausencia es presencia permanente. Acompáñame, perro, ángel, amigo, hasta el día en que yo sea quien te pregunte: “¿Nos vamos ya a dormir?”.
¡Hasta mañana!...