Mirador 15/10/15
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Mirador 15/10/15
Henri de Braekeleer es un pintor del cual muy raras veces se oye hablar. Hacía cuadros de costumbres a la manera de los viejos maestros holandeses. Rara vez salía de su estudio, y cuando salía era por las noches, para vagar sin rumbo ni compañía por las calles. Esa disposición de espíritu se muestra en su paleta, de oscuras tonalidades sombrías: sienas, ocres, pardos, negros, blancos...
Súbitamente, sin embargo, los cuadros de Braekeeler se llenaron de luz. Comenzó a hacer paisajes sonrientes, coloridos. Los críticos afirman que se operó ese cambio porque conoció a los impresionistas. No es así. La verdad es que se enamoró: fue el amor lo que llenó sus cuadros con el color del gozo de la vida.
En sus últimos años Braekeeler sufrió quebrantos muy penosos. En 1908 murió en un manicomio. Nos quedan sus cuadros, luminosos y alegres, con la alegría y la luz que el amor pone en el corazón de los humanos, y en sus obras.
¡Hasta mañana!....