Mirador 08/12/15
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Mirador 08/12/15
Entre los beduinos se cuenta una leyenda que encuentro interesante.
Un hombre iba por el desierto. Caminaba a pie, pues era tan pobre que no tenía camello ni caballo. Ni siquiera poseía un asno.
El agua que llevaba en un odre se le fue agotando al paso de los días. Sólo quedaba en él la suficiente para llegar al siguiente pozo.
Y sucedió que el caminante halló a otro hombre que se moría de sed. Clamó el desdichado:
-¡Dame agua!
Le dijo el peregrino:
-Sólo me queda la que necesito para mí. Pero te daré la mitad. Aunque no te conozco eres mi hermano. O nos salvaremos juntos o juntos moriremos.
Bebieron los dos. Quedó vacío el odre. Echaron los dos a caminar bajo el ardiente sol. El beduino iba a arrojar el odre. ¿Para qué cargar con él? Pero lo sintió pesado. El odre estaba lleno otra vez lleno de agua cristalina y fresca.
Interesante narración es ésta. No tiene lógica, pero contiene fe. Y la fe siempre es más útil que la lógica.
¡Hasta mañana!.