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Mirador 07/07/2021
Por acuerdo de Diosito, que cumplieron San Pedro, la Virgen de la Cueva y San Isidro Labrador, ayer llovieron en mi solar nativo todas las lluvias que no habían llovido. Como dijo cierto meteorólogo: “Ayer cayó la lluvia que desde hace tres meses venía yo pronosticando”.
Los fundadores de Saltillo tuvieron el buen tino de recostar a la ciudad en el declive suave de una loma. Así no sufrimos las inundaciones que periódicamente convierten en océano algunas poblaciones. Sólo cuando la necedad humana pone estorbo a las corrientes que bajan de la altura se producen en mi ciudad esas acuáticas calamidades. “El agua tiene memoria, licenciado –me dice don Abundio-. Por donde una vez pasó, otra volverá a pasar”.
Pasó el agua por el frente de mi casa y volví a ser el niño que echaba en la corriente barquitos de papel, y navegaba en ellos hasta China o más allá.
La lluvia es la misma lluvia que entonces vi caer.
Todo se va, y regresa todo.
El agua tiene memoria. El corazón también.
¡Hasta mañana!...