Mirador 06/11/15
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Mirador 06/11/15
En el Potrero de Ábrego se cantan canciones que en otras partes no se cantan ya. Un acordeón gangoso y una guitarra afónica bastan para decir las cosas del amor y el desamor.
“Qué falta me hace un trago para la bilis. / Fue un gran coraje el que me hicieron pasar. / Pedí tu mano; tus padres me la negaron. / Porque soy pobre no me la quisieron dar. / Traigo tristeza, y bastante sentimiento, / y aparte siento muchas ganas de llorar. / Qué falta me hace un trago para la bilis. / Aunque se enojen no te dejaré de amar”.
El recio mezcal serrano quitó el frío del cuerpo a los cantores, pero no les alivió el del alma. Quién sabe qué oculta pena da tonos dolientes a su canto. Yo lo escucho y me veo rodeado de repente por las memorias de antiguos abandonos. Ya no me duelen –se dio en mi vida el amor bien cumplido-, pero las voces de los que cantan ponen en mí bastante sentimiento, y aparte siento muchas ganas de llorar.
¡Hasta mañana!....