Mirador 06/10/15
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Mirador 06/10/15
Jean Cusset, ateo con excepción de la vez que escuchó el Requiem de Cherubini, dio un sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre- y continuó:
-Los hombres de religión le hicieron una gran publicidad al sexo cuando lo convirtieron en pecado. Lo oculto siempre atrae, y el sexo oculto atrae morbosamente. Mejor habrían hecho en educar a los hombres sobre las cosas del cuerpo; eso los habría dejado más libres para pensar en las del alma.
Dio otro sorbo a su martini y prosiguió:
-Más hemos de temer los pecados del alma, como la soberbia, que los humildes pecados que comete el cuerpo.
Éste tiene la inocencia de las cosas sencillas. El cuerpo, se nos ha dicho, es templo del Espíritu. Y ¿puede el Espíritu morar en casa sucia y deleznable?
En eso pasó una linda muchacha.
-¡Qué hermoso templo! -exclamó Jean Cusset con reverencia.
Y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.
¡Hasta mañana!...