Milagro no fue
Usted está aquí
Milagro no fue
Me envuelvo en la bandera, al fin mes de la patria. Me lleno de patriotismo y pienso en México. Escribo con profundo sentimiento. Trato de ubicarme en la realidad. Respiro profundo. Y me pregunto: ¿qué está pasando?
De pronto la cruda realidad me golpea la cara. Si estuviera dormido eso me despertaría con un sobresalto. Como estoy despierto no me queda más que aguantarme.
Volteo a mi alrededor y veo a cientos, millones de mexicanos que están igual de desconcertados que yo. ¿Dónde quedó el sueño compartido que decía que Andrés sería el salvador y la solución a nuestros muchos problemas? Los que lo creyeron se han quedado mudos. Los que no le creímos estamos ahora ciertos.
Andrés prometió un milagro. Por el simple hecho de que el llegara a presidente, muchos de los incontables males se desvanecerían. Por ejemplo, los narcos y criminales más empedernidos dejarían las armas. Se unirían al gozo de la Cuarta Transformación.
Los jóvenes sin quehacer, sin escuela ni empleo, automáticamente se volverían productivos gracias a los subsidios del gobierno que empezarían a fluir mensualmente en dirección suya.
Ahora, tras casi un año de gobierno, podemos por fin empezar a quejarnos de que el milagro no se materializó. La corrupción no se esfumó, la violencia tampoco. La premisa fundamental y palanca de optimismo del nuevo gobierno simplemente no funcionó.
Entregan cientos de millones mensuales, regalados y el crimen va de mal en peor. Los subsidios no han faltado, pero la delincuencia va en aumento. Repito, el milagro no funcionó. El mago salió un fraude.
Metáforas generosas sobre que había que barrer las escaleras de arriba hacia abajo y que bastaba predicar con el ejemplo para que el País sufriera una transformación milagrosa. Bueno, pues ya pasó casi un año y nada de eso sucedió.
Al contrario, lentamente se va arraigando un sentimiento de desánimo. Si el mago falló, entonces todo lo que predicaba se convierte en mentira, en engaño.
Lo peor del caso es que el mago llegó acompañado por otros igual de ilusionistas. Ahora quieren ellos también empezar a repartir milagros. Resulta por ejemplo aberrante sin límites la idea de que todos los robos sin violencia se dejen de castigar siempre y cuando la suma robada no exceda de cincuenta mil pesos.
O sea que para terminar con las fallas de la justicia que no castiga esos robos por fallas de la policía y las fallas de los tribunales, ahora el remedio perfecto consiste en derogar el delito. Así rápidamente se empata la obligación con la incompetencia para dejar el resultado en cero.
En la burocracia del SAT hay otras ocurrencias. Para aumentar los ingresos no hay como dejar de pagar o regatear las devoluciones de impuestos, especialmente el IVA. Es como si de pronto, todos los empleados del gobierno empiezan a poner a prueba su poder y se dan cuenta que tienen un jefe que celebra y aplaude sus trapacerías, todo en nombre de los más humildes.
Si México ya era una fábrica de pobres ahora va a ser una fábrica de exricos también. Las mejores salidas que ha encontrado este gobierno a sus problemáticas son las salidas falsas. Al fin y al cabo los números están del lado de la nueva administración. Los pobres no se quejan. Y qué importa si los ricos se quejan.
El último milagro de Andrés es convertir a viles asesinos en héroes civiles. Yo creo que no hay otro ejemplo más claro de lo fácil que resulta ver el mundo al revés, con tal de no tener que enfrentar la realidad. No es posible argumentar o reclamarle a un gobierno que permite que se pinte como valientes a quienes asesinaron a don Eugenio Garza Sada.
Andrés ve el mundo al revés. Así es como él puede darse por satisfecho de los logros de su gobierno, mientras un pueblo confundido, empieza a preguntarse ¿dónde está el piloto? Como los milagros no se dieron, torcer la vista es lo único que Andrés nos ofrece.