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Media workers en el incendio mexicano
“En Estados Unidos les llaman media worker. Los periodistas al estilo clásico son ahora una minoría. La mayoría no sabe ni escribir, en sentido profesional, claro. Este tipo de periodistas no tiene problemas éticos ni profesionales, ya no se hace preguntas. Antes, ser periodista era una manera de vivir, una profesión para toda la vida, una razón para vivir, una identidad”. Así declaró a El País, Ryszard Kapuściński, un referente para global, nacido en la antigua Polonia.
Kapuściński fue periodista, historiador, escritor, ensayista y también poeta. Es un referente olvidado, o tal vez ni siquiera conocido por los media workers que registran ausencia de lecturas y faltas ortográficas que trasladan incluso a titulares. Así, en la generalidad, México navega en la furia de medios informativos digitales que toman partido en campañas políticas ferozmente atizadas.
En esta alborada nacional, un ejército de locutores pagados y opinadores asalariados en diversas plataformas, peligrosamente se convierten en lo que también Kapuściński definiera como fanáticos; esos voceros que solo eligen una verdad (al hacerlo se vuelve falsedad) y la persiguen ciegamente, renunciando a ser esa luz que, afirmara Kapuściński, es necesaria para iluminar a las cucararachas -no pisarlas-, solo hacerlas evidentes.
Datos y una voluntad de bien, en el sentido filosófico, sería el alimento deseable según este maestro, para quienes están frente a cámaras, micrófonos, o bien, con el poder de redactar notas y tweets en plataformas digitales.
Acudimos al tiempo en el que se ha hecho costumbre que sea evidente el nexo entre políticos y “periodistas”, quienes incluso envían saludos en sus espacios noticiosos al candidato X o Y, dando cuenta de los cumpleaños que celebran juntos o las cenas que tuvieron. Éstos y otros acontecimientos describen bien la mezcla indisoluble que prevalece y el estilo noticioso del entorno nacional.
Si bien es cierto que el establecimiento de relaciones sociales es inevitable, es saludable marcar las diferencias, vigilando la independencia y autonomía de los espacios noticiosos. Siempre, pero más ahora, la nación requiere esta distancia.
En este hilo de ideas, los media workers no escapan del deseo de likes y popularidad, lo que tiene menos qué ver con el ofrecimiento de información que ayude al necesario debate nacional, que con el hambe de saber qué tan bien vestido o vestida se perciba para ser popular, y por tanto “creíble”.
Se denuestan palabras como izquiera o derecha, sin referenciar que son posturas germinadoras de visiones del mundo. Se acude a la generación de miedo. Se leen cada vez menos reportajes sustentados en una acuciosa investigación.
El marketing no se aplica a la verdad periodística, sin embargo es el signo de esta era nacional. Y las dádivas continúan en este contexto post-Covid 19, pues son tiempos políticos -¿cuándo no?- en los que todas los partidos no dudan en entregar recursos públicos a plumas y voces. Tal parece que ni la actual crisis que revela flaquezas en políticas de salud y económicas por decir lo menos, los impele a la eliminación de estas prácticas; media workers y políticos están unidos indisolublemente.