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Madero: una lectura contemporánea del originalísimo democrático
La Academia IDH presentó este lunes vía Zoom el libro “Madero. Padre fundador de la democracia”, una obra colectiva que pretende ofrecer una lectura actual del legado maderista desde una perspectiva histórica y constitucional.
La idea central radica en reconstruir el debate de la interpretación originalista de las ideas y prácticas de un personaje relevante en la lucha por el sufragio efectivo en México. Una manera de entender los derechos políticos, sin duda, es acudir al texto, al contexto, a las intenciones y significados originales que le pueden dar sentido a nuestras instituciones democráticas.
Francisco I. Madero tiene su lugar en la historia como el principal promotor de la democracia mexicana. En primer lugar, fue un político que vivió de manera intensa la oposición en el régimen autoritario del porfiriato: participó en la fundación de periódicos libres –El Demócrata– para expresar sus ideales, organizó la conformación de los clubes donde ejerció su derecho a asociarse y participar por la vía de un partido político para articular la vida democrática y propuso, ante todo, vías pacíficas al general Porfirio Díaz para renovar el poder de manera democrática.
En segundo lugar, Madero como revolucionario asumió un liderazgo relevante para planificar, organizar y participar en el movimiento revolucionario, justamente cuando todas las vías posibles habían sido agotadas.
Como triunfador de la Revolución, además, asumió el poder por la vía democrática: se sometió a la voluntad popular y fue electo como el primer Presidente de México por medio de unas elecciones libres y justas.
Finalmente, como hombre de poder ejerció el cargo presidencial respetando la libertad de expresión de sus feroces críticos, promovió el pleno respeto a la división de poderes y concluyó su mandato como un mártir de la democracia.
¿Qué lectura nos deja la lucha maderista en la actualidad? Existen dos perspectivas que, a mi juicio, son relevantes: la consolidación de la democracia electoral, por un lado, y el inicio de la democracia social, por el otro.
Durante los últimos años, el País ha construido instituciones electorales lo suficientemente sólidas para garantizar la regla de la mayoría: el que tenga más votos en una elección libre sea el que gane. La democracia, en su vertiente electoral, es parte de la llamada Cuarta Transformación del País.
Hoy tenemos cuatro sexenios presidenciales, a partir del 2000, en donde el cambio democrático ha permitido que el partido hegemónico entregara el poder de manera pacífica a otro partido durante dos sexenios. Luego, la alternancia electoral, permitió que regresará el anterior partido en el poder. Y actualmente, después de una lucha de dos elecciones presidenciales polémicas, el poder presidencial se ganó por un partido que promueve un movimiento de transformación política. Es decir, la democracia electoral ha permitido que cualquier expresión política, de derecha, centro o izquierda, pueda llegar al poder.
Esta es la cuarta etapa de transformación política en nuestro País. La democracia maderista puede ser hoy leída como la consolidación de un proceso que inició con una revolución, que siguió con la institucionalización de la no reelección presidencial y que terminó, principalmente, con la posibilidad en los últimos años de tener instituciones electorales que garantizaran el sufragio libre y auténtico.
Los problemas actuales de la democracia electoral pueden ser leídos bajo el pensamiento político de Madero. ¿Qué pensaría Madero hoy de la libertad de expresión, de la formación de nuevos partidos, de la igualdad electoral, etc.?
Sin duda, la democracia electoral representa nuevos retos y desafíos. Pero el lema maderista del sufragio efectivo sigue a debate. Las luchas sociales que generaron la Revolución existen todavía. La democracia social, por tanto, es la idea que recuerda Madero con su lema: el sufragio debe ser efectivo no sólo para evitar la perpetuación del poder, sino también para evitar los males de desigualdad que genera esa concentración del poder. Las ideas sociales maderistas también pueden servir en esta nueva discusión nacional.
EL ORIGINALISMO DEMOCRÁTICO
Madero ofrece una lectura originalista de los derechos políticos. Pero también sería interesante conocer la manera en cómo esta visión circuló en el mundo de las ideas de la comparación constitucional. Eso seguramente será una nueva línea de investigación que impulsará la AIDH.