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Loving Lucky Blue
MADRID.- A sus 17 años recién cumplidos, con 1,89 metros de estatura, cabello decolorado y ojos azul piscina, Lucky Blue Smith es un adolescente tocado por la varita de lo arrebatadoramente cool. Pisa la pasarela con confianza y se pone ante el fotógrafo como si nunca hubiera hecho otra cosa en su vida. Sin embargo, estas cualidades no explican del todo los motivos por los que, en el último año, ha pasado de ser un desconocido en la moda a acaparar páginas de revistas, campañas y desfiles en Milán, París y Nueva York.
Si su belleza andrógina, generacional e inconfundiblemente americana justifica sólo una parte de su éxito, la otra parte hay que buscarla, como casi todo en estos tiempos, en su perfil de Instagram. Estamos en tiempos en los que el poder se mide por la capacidad de convocatoria en esta red social, y Lucky cuenta como poderosos argumentos: 1,4 millones de seguidores, el modelo que más tiene.
El rey de la cercanía — El ascenso de Lucky al estrellato tiene un origen muy preciso: el momento en que se le ocurrió convocar a sus seguidores a encontrarse con él a la salida de un desfile de Etro en Milán. “Sucedió de un modo muy natural, no fue nada premeditado”, cuenta. ¿Buscaba un baño de masas? “En absoluto, sólo quería dar a mis seguidores la oportunidad de conocerme en persona”. Cuenta que esperaba cinco o diez personas, pero al salir del backstage se encontró con centenares, ante la atónita mirada de la multitud de periodistas y compradores presentes. En los habitualmente reservados –y adultos– círculos de la moda, la presencia de hordas de adolescentes chillando un nombre que nadie podía identificar generó una sensación de desconcierto. También en Lucky.
“Estaba muy sorprendido”. ¿Qué pensaron los otros modelos? “Al principio no entendían nada, pero luego les encantó”. ¿Corrieron a abrirse una cuenta de Instagram? “Seguramente”, responde riendo. “Aquello fue una auténtica locura”.
Escuchándole, resulta inevitable preguntarse si es algo espontáneo o una estrategia sutilmente orquestada. Probablemente sea una combinación de ambas: Lucky es su verdadero nombre, pero todo indica que sus padres se han esforzado por enseñarle a comportarse como una estrella sin parecerlo. Todo en la familia Smith apunta alto: los fantasiosos nombres de sus retoños –las hermanas de Lucky se llaman Starlie Cheyenne, Daisy Clementine y Pyper America– y sus impecables aficiones. Los cuatro hermanos Smith (él toca la batería) tienen desde hace años una banda familiar de surf rock, The Atomics, y todos ellos coquetean con la moda.
Fue su hermana Pyper America quien abrió el fuego. “Ella fue a hacer una prueba en Los Ángeles, y su agente le dijo a mis padres que nos llevaran a todos”, cuenta Lucky. Cuando salieron del despacho ya tenían concertada una cita para posar juntos ante la cámara de Hedi Slimane, que apuraba su tiempo como fotógrafo indie antes de asumir la dirección creativa de Saint Laurent Paris. Lucky ya tocaba la batería, pero a sus 12 años desfilar o posar no entraba en sus planes.
A una edad considerada habitualmente rebelde, el discurso de Lucky está tan exento de rebeldía que resulta casi transgresor. Explica que la decisión de decolorar su cabello fue de su representante, que quería darle un aspecto menos infantil. “Me gusta, pero no lo considero parte de mi identidad, así que algún día me lo cambiaré”, explica. Afirma que no existen fricciones con sus padres (“siempre me dan buenos consejos”) ni con sus hermanas. Incluso aprovecha el efecto hipnótico que genera su aire de familia posando con Pyper –una belleza de ojos grandes y fotogenia casi alienígena– para la fotógrafa más famosa, Annie Leibovitz, en la nueva campaña de Moncler.
Sorprende escuchar algo tan rotundo a un joven que apenas lleva un año trabajando, pero si hay algo que Lucky no oculta es su ambición. “Quiero que se agoten las entradas para mis conciertos, que mis películas batan récords de taquilla y que las mejores marcas de moda me contraten para sus campañas”. Últimamente, han posado para Jean Paul Goude y Carine Roitfeld ataviado como Liberace en un reportaje para la revista Harper’s Bazaar. Responde con evasivas a los rumores sobre un reality show sobre el proceso de grabación del próximo disco de The Atomics y cuelga numerosas imágenes de promoción de Love everlasting, su primera película.
En ellas, Lucky es un James Dean posgrunge que conduce una motocicleta y mira al horizonte con sus ojos transparentes, su cabello glacial y su desenvoltura rebelde. Puro romanticismo adolescente. También puro fenómeno viral. Desde su entorno sugieren que, si sus seguidores continúan aumentando, podría necesitar medidas de seguridad para encontrarse con ellos. Él no se lo plantea. “Tienen buenas intenciones y sólo quieren verme y darme un abrazo”. La entrevista ya casi ha concluido y sigue sin mostrar indicios de lenguaje negativo en sus palabras. Como si Lucky hubiera conquistado al mundo de la moda de la forma menos pensada: siendo un buen chico. Parece que la rebeldía ha pasado de largo por su puerta. O tal vez esté a punto de llegar.
@luckysfacts
Gracias a esta cuenta de Instagram y twitter especializada en los pormenores de la vida del modelo sabemos que a Lucky:
> Le gustan los Strokes.
> Toca la batería desde los seis años
> Su perro se llama Chi Sai
> Odia los sándwiches de atún
> Le gusta nadar
> Se graduó un año antes gracias al home schooling que sus padres practican con convicción