Los retos de la ‘nueva normalidad’ y otras preguntas postcoronavirus

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Los retos de la ‘nueva normalidad’ y otras preguntas postcoronavirus

¿Cómo enfrentar una “nueva normalidad”? ¿Cómo será una nueva normalidad? ¿Qué es una nueva normalidad? ¿Cómo nos adaptaremos a una nueva normalidad? ¿Estamos preparados o creemos que cuando salgamos a la calle lo haremos igual que antes de la emergencia?

No es un secreto: la gente está harta de las medidas sanitarias restrictivas por el COVID-19 y apenas se dio el anuncio federal de la nueva normalidad, la gente volvió a salir a las calles más de lo que, perdón, pero ya lo venía haciendo.

¿La paranoia persistirá? ¿Ya no velaremos y despediremos a nuestros muertos como acostumbrábamos? ¿Acudir a un estadio de futbol o un concierto masivo se convertirá en una acción temeraria? ¿Dejaremos de abrazarnos y estrecharnos la mano con el entusiasmo que lo hacíamos antes? ¿O privará en nosotros el miedo, el temor? ¿Sumaremos ahora filtros sanitarios a nuestros niños en las escuelas, además de los filtros para esculcarles mochilas? ¿El cubrebocas será una prenda indispensable y quien no la use será mal visto? ¿Qué restricciones habrá para visitar a grupos vulnerables? ¿Los espacios públicos se convertirán en espacios reducidos? ¿Cómo trabajarán los gimnasios, clubes deportivos, estadios? ¿Los mítines políticos se adaptarán a nuevas medidas o persistirá la oda a la egolatría en los eventos proselitistas? ¿Habrá nuevas fases? ¿Qué haremos cuando las playas vuelvan a abarrotarse? ¿Por qué si los supermercados están abarrotados, un restaurante o un bar tienen que seguir con la sana distancia? ¿Cómo llevaremos nuestras relaciones interpersonales, cada vez más orilladas a la virtualidad?

Todas estas preguntas y muchas más, obligan a plantear retos a la nueva normalidad que viviremos. Será nueva porque nunca antes la habríamos vivido y será “normal” porque, en teoría, así será en adelante. Es decir, tendremos que adaptarnos a vivir con el coronavirus.

La llamada nueva normalidad apunta a una serie de retos en los ámbitos económicos, políticos, sociales, culturales, deportivos, de espectáculos, de relaciones interpersonales, educativas, de seguridad y un largo etcétera.

En temas de salud, el coronavirus exhibió el fracaso en el combate a la obesidad, hipertensión, diabetes y otras enfermedades cardiovasculares que hacen más vulnerable a quien se contagia de coronavirus. Según datos de Salud federal, en 21.6 por ciento de los casos confirmados en el País, la persona padece hipertensión; en 20.9 por ciento obesidad; en 18.5 por ciento diabetes y en 8.4 por ciento tabaquismo. Las políticas públicas para atender este tema no sirvieron y derivó en que una gran parte de la población se encuentre en una situación vulnerable ante el COVID-19.

También se exhibió la falta de infraestructura hospitalaria, el abandono de hospitales y se recordó la corrupción en temas de salud, el desvío o uso discrecional de recursos que debieron estar enfocados en salud.

Por eso, uno de los principales retos será el propio tema de salud. En resumen: mejorar la salud para enfrentar el virus.

El reto económico será titánico. Las aspirinas y dádivas asistencialistas apenas durarán unas semanas.

En el plano educativo, la pandemia exhibió el rezago de infraestructura para atender al ejército de alumnos. Exhibió también el rezago de muchas familias sin acceso a internet o a una computadora. Exhibió la falta de planeaciones, de modelos de adaptación y de seguimiento a distancia.

En ese sentido, el reto abarca no sólo temas de planeación, pedagogía e infraestructura educativa, sino también de pobreza y carencias sociales. La pandemia nos volvió a recordar que las bolsas millonarias para combatir la pobreza sólo han servido para administrarla.

Lo ideal sería que este experimento de llevar la educación a distancia pudiera servir para “virtualizar” la educación en la medida que sea necesario. Sin embargo, creo que estamos lejos de un hábito educativo a distancia, no sólo por una educación enraizada a las aulas, sino por los fenómenos que acontecen al interior de las familias mexicanas.

La pobreza estructural, aplanada más por el desempleo, reducciones de salarios y falta de productividad económica, será un lastre para afrontar la nueva normalidad.

AL TIRO

Los indicadores de tráfico de Google muestran un aumento en la movilidad en comercio y lugares de recreación en Coahuila en los últimos días, según el último reporte a la semana del 9 de mayo.

Desde el fin de semana pasado, el tráfico en las calles, al menos en La Laguna, fue descomunal, casi como un día “normal” previo a la cuarentena. Hablar de sólo un 20 por ciento que no hace caso es casi una broma y la última semana fue un ejemplo de ello.

La gente quiere empezar ya la nueva normalidad. ¿Cómo enfrentar ese reto?