‘Los ocho más odiados’
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‘Los ocho más odiados’
Es un hecho indiscutible el legado que un cineasta norteamericano surgido en la última década del siglo XX como Quentin Tarantino ha dejado en sus más de dos décadas de trabajo en el cine internacional.
Si no pregúntenle al hoy de moda Alejandro González Iñárritu, quien para su ópera prima todavía en el cine mexicano que fue “Amores Perros”, en el año 2000, o al británico Guy Ritchie, con su respectiva ópera prima de 1998 “Juegos, trampas y dos armas humeantes”, por mencionar un par de casos, en los que ya fuera la narrativa fragmentada o la temática gangsteril tuvieron que ver en el primer impulso en la cinematografía internacional de cuando menos estos dos hoy exitosos directores de la industria del cine de Hollywood.
Pero como el buen cineasta que es, Tarantino lejos de quedarse en su zona de confort haciendo historias de mafiosos que hasta “Jackie Brown”, de 1997, le favorecieron tanto con la crítica como en la taquilla, en el nuevo milenio no dejó de sorprender a sus seguidores con sus guiños ya fuera a la acción asiática con “Kill Bill”, del 2003; al cine de clase B norteamericano con “Death Proof”, de 2007 o inclusive el género western en el que debutó exitosamente con la séptima película de su filmografía, “Django sin cadenas”.
Mañana Tarantino estrena en nuestro país la octava película de una filmografía, “Los ocho más odiados” (“The hateful eight”), y aunque pareció ahora clavarse más en esta ocasión más en la forma que en el contenido, su segundo filme dentro del género western es cautivador desde su primera secuencia en la que la cámara va descubriendo paulatinamente del primer plano de un Cristo en medio de un paisaje nevado del estado de Wyoming a un plano general que revela el recorrido de una diligencia dentro del mismo que nos hará descubrir a tres de los primeros “ocho más odiados” de su título original y en castellano.
En esa diligencia viajan un caza recompensas de nombre John Ruth (Kurt Russell, protagonista de la mencionada “Death proof”) con una mujer encadenada llamada Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), y en vísperas de otra tormenta de nieve se detienen en una cabaña de la montaña para pasar la noche poco después de haberse detenido en el camino a recoger en diferentes puntos a un par de hombres, uno de color (Samuel L. Jackson) y otro anglosajón (Walton Goggins), aparentemente del lado de la ley, para encontrarse en dicha especie de hostal a otros cuatro extraños personajes con quienes la velada anticipa, entre otras cosas, sangre y muerte.
Como decíamos al inicio de este comentario, “Los ocho más odiados” tiene toda la mano de Quentin Tarantino que será el deleite de todos sus seguidores, pero a pesar de que mantiene a ratos una narrativa fragmentada en medio de los capítulos en los que divide su trama y quizás el más sangriento de los escenarios de sus historias, es a diferencia de “Django sin cadenas” que se queda con el espectador mucho tiempo después de dejar la sala, en un muy placentero espectáculo audiovisual en el que particularmente destacan tanto la música del maestro Ennio Morricone como la fotografía del gran Robert Richardson, así como ese gran rescate del cine norteamericano de una primera actriz como Jennifer Jason Leigh que obtuvo por su trabajo su primera nominación a un Oscar, pero hasta ahí.
Comentarios a: alfredogalindo@hotmail.com; Twitter: @AlfredoGalindo