Los derechos humanos y la 4T
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Los derechos humanos y la 4T
La palabra Estado puede ser interpretada en los sentidos más diversos. Mientras no nos pongamos de acuerdo en realidad sobre qué entendemos por Estado, su concepto puede ser más o menos amplio. Sucede por igual con el derecho: el saber si una sociedad primitiva o la comunidad internacional son sociedades jurídicas es una cuestión absolutamente trivial.
Mientras no se haya definido qué se entiende por derecho; cada quién lo puede definir a su modo con tal de que lo defina y no lo deje en vaguedad.
Ahora bien, las funciones represivas mediante los aparatos coactivos y la monopolización de la fuerza, ¿le deben seguir correspondiendo al Estado?
Algunas teorías antiestatalistas predicen la extinción del Estado y, con ello, el uso de la fuerza legítima. La tesis central estriba en que en un cierto estadio de desarrollo de la humanidad, los hombres podrán vivir juntos sin necesidad de aparato coactivo.
Sin embargo, nuestra actualidad deja esto de lado y lo pone en el anaquel de las ideas de tipo anárquico o de tipo romántico-libertario.
“El Estado ha dejado de ser el principal violador de los derechos humanos”, mencionó de manera puntual el Presidente de México cuando realizó su primer informe de gobierno. Con lo dicho –de acuerdo a notas periodísticas– después de estos meses de gestión, AMLO asume dentro de sus ejes de gobierno la dignidad humana y el respeto irrestricto al derecho de todas las personas.
Temas escabrosos que todavía transitan entre la neblina y el amanecer, como los desaparecidos por culpa de la delincuencia organizada, los estudiantes de Ayotzinapa, la muerte de periodistas y defensores de derechos humanos, los mineros caídos en Pasta de Conchos… son temas que no encuentran respuesta, pero que de pronto sí tienen eco (caso Ayotzinapa) al crear la Comisión Presidencial para la Verdad y Acceso a la Justicia en el caso.
Tortura sexual y amedrentamiento a periodistas, jóvenes asesinados en Tierra Blanca, Veracruz, la masacre en el municipio de Allende, Coahuila, estudiantes asesinados en el Tecnológico de Monterrey son hechos no aislados que las administraciones anteriores pretendieron ocultar debajo de la alfombra, pero que hoy se ve como una grave crisis humanitaria y de violación a los derechos humanos en donde el saldo negativo nos lleva a la delgada línea de pasar a un Estado fallido.
A pesar de los anuncios –más que acciones– considero que falta mucho por hacer en el tema; el contexto de la violencia en México aún prevalece. La intolerancia que permea en nuestra sociedad sólo lleva ataques a la integridad de las personas a discursos xenofóbicos y discriminatorios, feminicidios y violencia intrafamiliar. A la letra y al discurso la política ha cambiado, pero ésta debe acompañarse de resultados.
Quizá debiéramos retomar escritos sobre los derechos y libertades, sobre los derechos humanos, cito: “(…) el hombre no se vio liberado de la religión, sino que obtuvo la libertad religiosa. No se vio liberado de la propiedad, obtuvo la libertad de la propiedad. No se vio liberado del egoísmo de la industria, sino que obtuvo la libertad industrial”, en ese sentido y si tomamos lo anterior de manera puntual, comenzamos con nuevas intenciones, diferentes acciones, un gobierno más solidario y no tan rapaz pero con el mismo error de origen.
Escribió Antonio Caso que “mientras la humanidad quiera dentro de un materialismo absoluto hallar la paz, sólo engendrará de sí la guerra”.