Con su matinal perorata, nuestro orate mandatario volvió a marcar una diferencia entre dos segmentos de la sociedad que no tendrían por qué antagonizar y sin embargo, pareciera ser el sueño más húmedo y acariciado de este Ganso-Pejelagarto que dichos segmentos se mirasen mutuamente con desconfianza primero, con inquina después, luego con franco odio y al final con ganas de sacarse los ojos.

De acuerdo con su lectura e interpretación de la realidad, los resultados adversos que obtuvo de la pasada elección son imputables a los votantes con mayor nivel de estudios, licenciaturas y postgrados.

Si Gran Jefe Zapatos Rotos siempre ha hecho apología de la pobreza, aduciendo que la virtud sólo puede encontrarse en la austeridad, esta vez la emprendió contra la ilustración, el estudio y el academicismo.

De acuerdo con el cotonete vacilador, la parte mejor preparada de la población es ambiciosa y “aspiracionista”, neologismo con el que quiso referirse a la gente con ambiciones.

Y aunque la ambición muy legítima, es mal vista por quien predica -de forma seria y literal- que un solo par de zapatos es todo lo que un individuo necesita y el desear otro ya es síntoma de malsana codicia.

En este aspecto hemos de reconocerle a AMLO que al menos es congruente, ya que no muestra ningún empacho en calzarse sus Flexi modelo escolar a la hora de recibir la visita de la “Presidente” de los EEUU, ‘Kabala’ Harris. Aunque es probable que sólo esté restregándole en la cara al Imperio su monserga de “Soy el redentor de los desposeídos, mártir de la humildad”.

El caso es que las personas que buscan salir adelante, destacar y triunfar son enemigas de la transformación de México y por consiguiente del Presidente y de todo lo que él representa. Ya si usted puede establecer la correlación entre la causa y el supuesto efecto que AMLO apuntala con esta afirmación, lo invito si es tan amable a que nos la explique a todos los demás.

¡Qué duro debe ser chairo… O amlover, o lopezombi o como guste llamarle al ‘fandom’ de su Alteza Macuspanísima! Debe ser muy difícil tratar de organizar el deshilvanado pensamiento de su líder y darle un giro que no lo haga quedar como un zopenco total. No obstante, hay que buscar esta interpretación debajo de una cabeza olmeca si es necesario y, de encontrarla, defenderla como la única posible, la que de primera intención buscaba comunicar el ungido. Ya cuando de plano AMLO se refrenda como rey del disparate, es porque la prensa maliciosa al servicio de los neoliberales, fifíes y conservadores lo tergiversa todo.

La fórmula simplista y maniquea que el Presidente propone: Aspiración + grado académico superior = suscripción al Reforma (desinformación/manipulación), en consecuencia, fifí - neoliberal - conservador enemigo de México y de San Amlito, hemos de tomárnosla a cumplido, particularmente en áridas tierras coahuilenses donde la 4T no ha prosperado, pues ello sería el resultado de tener mayores aspiraciones y ganas de triunfar, además de contar en promedio con mejores credenciales académicas que en otras latitudes en las que el lopezobradorismo ‘rules’. 

Así como lo plantea el Presidente, hasta bonito se siente, ¡qué caray! ¡Hombre, don Andrés, gracias! ¿Qué se toma?

Desde luego, tampoco es como que los coahuilenses estemos en condiciones de presumir de algo o de nada, ya que nos resistimos a soltar al viejo régimen, mismo con el que al parecer hemos hecho perfecta simbiosis, según cierto análisis que le quedo a deber al lector, en el que explicaría por qué es imposible que el PRI pierda en nuestra Entidad.

Aun así, no deja de ser un masaje para el ego que el propio Andrés Manuel establezca que sus malquerientes están mejor preparados y son gente más tenaz y luchona que toda su hinchada de codependientes.

Si el calendario electoral no se trastorna por la caída de un asteroide, en Coahuila renovaremos gubernatura un año antes de la elección presidencial. Quedan aproximadamente dos años y no existe una sola personalidad bajo la divisa del partido oficial, Morena, que suene como posible contendiente y lo que es más: No hay tiempo suficiente para crearla ni para posicionar a nadie. Por si fuera poco, ni ‘el centro’ ni el morenismo local exhiben el menor interés en trabajar a este respecto.

Coahuila tiene una enorme extensión territorial con una densidad poblacional baja. De allí que requiere una gran cantidad de esfuerzo y de dinero cosechar aquí un voto. Es mucho más redituable hacer campaña en cualquier zona delegacional o alcaldía de la CDMX. Por ello Morena no se preocupa en crear estructura partidista en nuestro terruño.

Un improbable escenario sería que un priista despechado decidiera contender por el partido del Presidente y así quizás veríamos algo parecido a una contienda real.

Pero no funciona así. En Coahuila, la sinergia candidatos-partidazo impide que su activos se salgan a contender por la libre. Recuerde que ni siquiera el otro demagogo, el pillastre bailarín Humberto Moreira, logró una diputación plurinominal desde el partiducho que creó con ese solo propósito. Y dudo mucho que el Mandatario Federal defendiera una candidatura en Coahuila con la misma pasión y vehemencia que defendió, digamos, la de Guerrero de sus amores.

Así que el escenario político para Coahuila se ve inalterado, intacto, inmutable, al menos para otro sexenio más. No sé si ello le plazca o le deje contrariado, pero al menos seguiremos perteneciendo al selecto segmento de los aspiracionistas, según dicta la imaginación que puebla esa cabecita algodonada que despacha en Palacio Nacional.