Libertad y Justicia
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Que difícil escribir. Las noticias llegan de cuatro rumbos distintos. Por un lado me jalonea la ley. Por otro lado la historia. Desde arriba me grita la verdad; y desde abajo, el susurro de lo increíble. Sin embargo, la conclusión domina el escenario: Tenemos a un Presidente confeso de un delito grave.
Andrés con toda claridad admitió los hechos. Él ordenó liberar a un detenido. Aunque él jamás conectará con lo que tipifica el Código Penal Federal. Su mente alucinada le impide ubicar la realidad. Se siente el Jesucristo de Tabasco y perdona a asesinos. De paso, cree expiar los no pocos pecados de todos los mexicanos.
Alejandro (Gertz): Tu sabes que Andrés ordenó liberar a Ovidio Guzmán López. ¿Qué vas a hacer respecto al artículo 150 del Código Penal Federal? ¿Cómo piensas desahogar tus obligaciones como Fiscal General independiente? ¿Qué caso tuvo crear el órgano que presides si a la hora de la verdad no se procede conforme a derecho? ¿Qué caso tuvo cambiar la ley para que ni siquiera un Presidente escapara la justicia?
Cualquier defensa del Presidente tendría que hacerse valer en un juicio. No le corresponde al MP exonerarlos a todos sin que el asunto se consigne. Hubo docenas de muertos. ¿O acaso son ininmputables —menores de edad o deficientes mentales? Si hubiera una excluyente de responsabilidad que se haga valer en juicio. El País debe vivir la legalidad. Tu aceptaste, te tocó y ni modo.
En mi caso como abogado, me jala la ley. El PAN ya formuló una denuncia penal. Yo consulté con varios abogados. Todos coinciden en que procede. Solo resta ir hasta las últimas consecuencias.
La historia me jala en sentido contrario. ¿Se atreverá mi amigo Alejandro (Gertz Manero) a procesar al Presidente. ¿Nombrará un fiscal especial? ¿Consignará los hechos a la Cámara de Diputados? La historia dice que no sucederá.
La escena del crimen es toda la ciudad de Culiacán y no se ven esfuerzos por preservar las pruebas. El sistema de impunidad arrolla todo a su paso, incluyendo prestigios bien ganados. El caos mexicano no respeta a nadie. Está incontenible.
La verdad cruda, apreciable por los sentidos, me grita que tenemos un Presidente esquizoide. A juicio de expertos psicólogos sufre varias incapacidades mentales graves. Quizá esa condición pudiera ser su defensa en un juicio, pero de todas maneras conllevaría a su remoción.
Lo increíble se materializabndrés pidió la renuncia de Peña Nieto y se quejó de que era una vergüenza mundial. Sin embargo, esto está peor: Peña nunca admitió que él ordenó o estuvo de acuerdo con dejarlo fugarse. La auto-incriminación de Andrés es increíble; y es peor vergüenza por el tamaño de la estupidez. México tiene un gobierno bizarro. “Ser y deber ser” ocurren en universos paralelos desconectados.
Las versiones contradictorias de los hechos ofenden porque son mentiras burdamente armadas. Analizemos: Si el joven narco les disparó, entonces hay flagrancia y no requieren orden de arresto. Si traían orden de captura, entonces planearon mal y el gobierno es directamente responsable de las muertes de soldados y civiles.
Cualquiera que sea el caso, por simple vergüenza, debieran renunciar todos los involucrados. Pero Alfonso (Durazo) está allí porque carece de la mínima autoestima como para oponerse al Presidente. A los mandos militares no los conozco en persona. No me atrevo a juzgar su actuación. Sólo ruego que el Ejército haga algo para recuperar su dignidad.
El Presidente admite la culpa y el pueblo hace borrón completo. Un crimen insólito a nivel mundial, produce impunidad justificada. Otra vergüenza más. Sin embargo, confusiones a un lado, la conclusión permanece: El Presidente cometió un delito grave y está confeso. ¿Y ahora qué?