¿Libertad o libre mercado? Entendiendo al neoliberalismo
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¿Libertad o libre mercado? Entendiendo al neoliberalismo
Hoy en día, la palabra neoliberalismo resulta ser un concepto muy sobado, al grado que se utiliza de una manera incorrecta o simplemente fastidia escuchar tantas veces ese título. Pero, ¿qué es el neoliberalismo? De manera somera y sin rigor académico, podemos definir el neoliberalismo como el conjunto de ideas políticas y económicas capitalistas que definen la no participación del Estado en la economía, procurando dejar por fuera cualquier intervención del gobierno con el pretexto de fomentar así la producción privada con capital sin subsidio del gobierno.
En México, se introdujo este concepto en el gobierno de Miguel de la Madrid, donde su primer síntoma fueron las primeras ventas y privatizaciones de empresas paraestatales. Para desgracia de muchos, los gobiernos emanados de la Revolución –y que trataban de cumplir su mandato– habían terminado en el periodo de López Portillo.
Pero el cenit del neoliberalismo y su máxima ostentación se dieron en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. No sólo en el tema económico, sino el manto neoliberal se hizo ver de manera legal al realizar algunas reformas constitucionales que impactaron a la naturaleza del Estado mexicano. Se reformaron los artículos 28, 73 y 123 constitucionales referidos a privatizar la banca, la reforma electoral, cuestiones sobre el culto y, desde mi punto de vista uno de los más importantes, el artículo 27 que establecía la posibilidad para que los ejidatarios pudieran malvender sus tierras a capitalistas nacionales y extranjeros.
Desde que supe el trasfondo, nunca creí que la reforma al 27 constitucional fuera bajo el argumento de hacer partícipes a los campesinos como arrendatarios y ser parte del capital privado, con el objetivo de incrementar su productividad y capitalizarse.
Hace no muchos años, escuché a un político oriundo de este estado decir, que el trato igual a los desiguales, también es desigual. Con lo anterior, se cumple a rajatabla; un campesino jamás va competir, aun en un terreno plano para ambas partes, en condiciones de igualdad con un especulador o empresario agrícola.
Con todo lo que se decía y junto con la horda de intelectuales y sus think thanks como USAID, la Red Liberal de América Latina, el CEDICE o la Fundación Iberoamérica Europa por mencionar muy pocas, el cambio operado en América Latina en esos años fue apabullante. Primero fueron los golpes de Estado, y luego le sucedió esta oleada neoliberal.
Pero a la vista y con datos en la mano, el neoliberalismo sólo ha traído secuelas de pobreza, endeudamiento, bajos salarios, explotación y dependencia económica; sin mencionar, por ejemplo, la falta de respeto a los derechos laborales eludiendo obligaciones como patronos. Nuestro país no vivió un golpe de estado pero se desmanteló su tejido social y político a partir de 1982.
Andrés Manuel López Obrador gobierna con un triunfo respaldado por millones de mexicanos y bajo el eslogan de la cuarta transformación. Aún no sabemos si es sólo una transición, si es una pausa; todavía no se sabe qué demonios es la 4T, aunque tenga visos distintos como el combate a la corrupción e intenciones de dejar de lado al neoliberalismo en muchos aspectos –aunque no necesariamente en su política económica.
Finalizó mi colaboración con la respuesta que dio Juan José Saer (escritor argentino) a Vargas Llosa, el intelectual favorito del neoliberalismo:
“El señor Vargas Llosa, que ha hecho de la agitación una actividad comercial, carece de envergadura intelectual y de las garantías morales necesarias que podrían convertir a todo adversario en un interlocutor válido. La historia tenebrosa de sus opiniones y de sus actos, si lo desean, todos aquellos que, por complacencia, oportunismo o ignorancia acogen tan a menudo sus panfletos (…) sus dislates, no justifican la controversia: llenos de lugares comunes, de ideas fijas y de incoherencias histéricas, una vez expuestos en cualquier lugar visible, se refutan solos”.