Las bodas de la semejanza: 339
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Las bodas de la semejanza: 339
La homosexualidad, interpretada en algunos segmentos de la sociedad como una conducta antinatural, como un vicio y, en casos extremos, hasta como una enfermedad, fue totalmente aceptada en la antigüedad. Esta tesis es planteada por el historiador norteamericano John Boswell, catedrático de la Universidad de Harvard y autor del ensayo titulado “Las Bodas de la Semejanza”, publicado en 1996. Según Boswell, la Iglesia Católica no siempre fue intolerante respecto a la homosexualidad, e incluso se llegaron a celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo a través de los llamados “ritos de hermanamiento”. El referido ensayo relata cómo la Iglesia cristiana bendijo este tipo de uniones desde el siglo III al XIII, aceptando de facto las relaciones homosexuales que en aquel tiempo eran altamente toleradas entre la sociedad.
A mediados del mes de mayo de este año, el presidente Peña, en el marco del Día Internacional de la Lucha Contra la Homofobia, firmó y envió al Congreso la iniciativa para reformar la Constitución a fin de reconocer el derecho de las y los mexicanos a contraer matrimonio sin estar sujetos a discriminación de cualquier tipo, entre éstos la discriminación por motivo de la preferencia sexual. La idea fundamental de la iniciativa del Presidente fue incorporar al texto constitucional lo que en su momento había resuelto la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el sentido de reconocer como un derecho humano que las personas puedan contraer matrimonio sin discriminación alguna. De esta forma, se daría paso a la regulación del matrimonio igualitario y se establecerían las condiciones para garantizar la adopción a parejas del mismo sexo, en igualdad de circunstancias respecto a parejas heterosexuales. Se trataba entonces de una iniciativa moderna, basada en el principio de universalización de los derechos; una iniciativa de avanzada que permitiría el reconocimiento de derechos fundamentales a favor de un importante segmento de la población. Hasta ahí todo seguía su cause en forma normal. Sin embargo, lo que siguió fue caótico. La iniciativa que pretendía dotar de derechos iguales a todas y todos los mexicanos ahora duerme el sueño de los justos, guardada en el cajón de algún escritorio en el Senado de la República. Nadie se atrevió a entrarle. No es prioridad, dijeron algunos. Y si no es prioridad reconocer los derechos igualitarios, entonces ¿qué es prioridad en este País? Lo que ocurrió después fue aún peor. Miles de personas, en varios estados de la República salieron a marchar ante la convocatoria del Frente Nacional por la Familia. Salieron a las calles a manifestarse, no para alcanzar un derecho social, sino por el contrario, para que a los homosexuales y lesbianas se les negara el derecho de formar una familia. El argumento de los manifestantes es sencillo: el futuro de la humanidad se fragua en el matrimonio y la “familia natural”. Dicho de otra forma, según los organizadores de las marchas de la intolerancia, de reconocerse el matrimonio entre personas del mismo sexo y el derecho de estas parejas a formar una familia, la humanidad esta condenada a acabarse. Suena absurdo, ¿no?, pues éste es el argumento principal de quienes convocaron a miles de mexicanos a movilizarse para discriminar. Al respecto me surgen una serie de interrogantes: ¿entenderán todas las personas que se manifestaron el pasado 10 de septiembre la causa por la que estaban marchando?, ¿realmente afecta a la sociedad la existencia de familias “no tradicionales”?, ¿sabrán que de hecho ya existen un gran número de familias que no son las “tradicionales” que ellos pregonan?, ¿cuántos de los manifestantes lloraron la muerte de Juan Gabriel, compraron sus discos y vieron por televisión emocionados el homenaje que se le rindió en Bellas Artes?, ¿éste es el México de la doble moral, de la lengua de dos filos?
Aquí en confianza, no he encontrado respuesta a estas preguntas. Afortunadamente en Coahuila el matrimonio entre personas del mismo sexo es una realidad; el pasado 17 de septiembre la reforma legal por la que se reconoció la igualdad para casarse cumplió dos años de haber entrado en vigor. Hasta la fecha 339 parejas se han unido bajo el amparo de esta figura jurídica. Aquí los derechos y las libertades se reconocen; aquí todas las personas somos iguales. Dos años de las “bodas de la semejanza” en Coahuila, y la humanidad no se ha acabado.