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La vida nos debe un dineral
“La vida nos debe un dineral”, saltó este verso de Luis Vicente de Aguinaga mientras iba en el supermercado de lujo en la búsqueda de jengibre. Y pues ya entrada en gastos, ilusa de mí, buscaba uvas con semillas pero, todas las variedades, sin importar de dónde procedieran o de qué forma o color fuera este fruto, no tenían semilla. “Seedless”, decía por todos los carajos lados de aquellos empaques horadados. Pensaba: la calamidad entre nosotros y no nos damos cuenta. Me acordé del padre de una amiga que gritara en medio de la noche, en la calle, anunciando la catástrofe, en aquel caso literal: -¡Nos va a inundar la mierda! Esto por la mala planeación en los ductos de fluidos humanos de una gran urbe. Era ingeniero, de los buenos, y no le hicieron caso. Y pues allí estaba yo, a las 7:15 de la mañana, queriendo lanzar un grito que apagué. Prudencia ante todo. Sería locura gritar cualquier cosa, incluso: -¡Las uvas no tienen semillas! Así que volví al poeta, pues todo en este tren de existencia afeitado y enmarcado como lo deseable, “ nos debe un dineral”, “por impago, abuso de contrato, incumplimiento de confianza”.
Qué gran invento que uno no se atragante con semillas ¿no? Tan molestas, tan atravesadas ellas, tan que se encajan en los dientes, tan llenas de minerales y vitaminas y antioxidantes. Burdo invento natural. No, no importa que una semilla albergue vida, la vida de otra vid con más uvas. Ay, nimiedades esto de la vida. Qué le importa al consumidor que ni cerca está de los procesos de la tierra de donde viene lo que come y lo que él es.
-Ay, qué rico sin semillas, dirán algunos paladares.
Qué importa claro que ahora, las semillas tengan patente, sean estériles y generen frutos que en lo particular me parezcan monstruosos en su belleza esférica, límpida y acabada. Natura en la mano de unos cuantos.
Así que llego a casa y luego de hacerme un buen café, retomo ese hermoso poemario que Luis me enviara. Es una exquisita edición de Mantis editores de la colección Terredades que vio la luz en 2017 y se titula Qué fue de mí.
Avanza este poema titulado Deuda pública, donde entre sus versos ajusta cuentas pues, hay una deuda: “en perjuicio de todo y por su orden: / con el niño, por la madre ausente; / con la madre, por el padre ido; / con la mascota, porque la olvidaron; / con la ciudad, por el mal tiempo; / con el enfermo, con el rehén, con el insomne / y. con la muerte, por desconocerla”.
Para cambiar de modo de estar, revisité el apartado Canciones del esposo que es espléndido y me bebí en minutos. Allí estaba por ejemplo, el poema De reojo: “Alguien, alguna vez, / te ha visto de reojo. / Alguien, hace un minuto, ahora mismo, / te olió, te oyó acercarte, / advirtió en tu silueta / que una promesa se cumplía, / dio nombre con tu cuerpo / a otro cuerpo que sólo imaginaba / y renunció a mirarte por más tiempo: / renunció a ti, se abandonó a sí mismo; miró sencillamente hacia otra parte. // Alguien, sin que lo hayas notado. / Alguien, un solo par de ojos, / en un solo momento / de su vida y la tuya , / de la tuya y la mía. / Dedos que no van a rozarte. Labios que no dirán tu nombre.”
Dividido en Escenas infantiles, Interés acumulado, Canciones del esposo, Estancias y Capítulos para una biografía, es un poemario entrañable, de esos que acompañan bien en el autobús, en la celebración de la familia, de la vida y del paso del tiempo. Así que es un artículo de primera necesidad.
Me dieron ganas de brindar con Luis, para ponernos al día luego de tantos años, entregándole sus versos para iniciar la conversación: “Quién eres tú, cuál cantas, qué te sirvo / Dónde andas, desde cuándo y en qué lengua…”.
*Luis Vicente de Aguinaga es licenciado en letras por la Universidad Autónoma de Guadalajara y doctor en letras románicas por la Universidad Paul-Valéry de Montpellier. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta (2003), el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (2004), el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos (2005) y la Medalla Wikaráame al Mérito Poético en las Lenguas de América (2019). Es profesor en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara.