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La pandemia da un respiro, pero no se ha terminado
De acuerdo con las más recientes cifras de las autoridades sanitarias, en Coahuila la estadística de contagios y personas fallecidas a causa de la pandemia provocada por el coronavirus SARS-CoV-2 ha descendido de forma importante entre la primera semana del año y la que concluyó el pasado 20 de marzo, lo cual es una noticia alentadora.
Como lo consignamos en esta edición, la incidencia de contagios ha descendido de 9 mil 300 a 3 mil 363 en febrero y a mil 040 durante los primeros 20 días de marzo. Las defunciones, por su parte, bajaron de 971 el primer mes del año a solamente 274 en febrero y en marzo se han reducido a solamente 52 hasta el día 20.
Diversos factores contribuyen a esta circunstancia. Sobre todo el crecimiento en el número de personas que han adquirido alguna inmunidad porque se han contagiado –sin desarrollar síntomas– o han logrado recuperarse tras haber enfermado.
El clima podría estar jugando también un papel importante y en alguna medida el avance en el proceso de vacunación, aunque este factor es todavía marginal debido al escaso número de personas inoculadas y al hecho de que este proceso aún no inicia en las principales concentraciones urbanas.
Se trata de una buena noticia pero, como se ha dicho en numerosas ocasiones anteriormente, eso no significa que la pandemia ha terminado y, mucho menos, que ya podemos relajar las medidas de prevención.
Por ello es necesario insistir en la necesidad de seguir usando cubrebocas, mantener la distancia social y evitar el contacto físico. Porque mientras no estemos vacunados, el riesgo de contraer la enfermedad y desarrollar síntomas graves prevalece.
Y en este último sentido nadie puede garantizarnos que al contagiarnos no habremos de desarrollar síntomas graves o que la enfermedad no pondrá en riesgo nuestras vidas.
Más seria todavía es la posibilidad de contagiar a otros en caso de que seamos pacientes asintomáticos y, debido a que no acusamos ninguna molestia importante, nos reunamos con otras personas –familiares, amigos, compañeros de trabajo– sin observar las medidas de protección necesarias.
El agotamiento que todos sentimos a estas alturas es mayúsculo y todos ansiamos el momento en el cual se nos diga que es posible reanudar nuestras actividades –todas– de la misma forma en la cual las realizábamos hace apenas 12 meses.
Sin embargo, es necesario tener claro que existe una alta probabilidad de que eso no ocurra y que la “normalidad” conocida por los humanos hasta enero de 2020 no vuelva. En el mejor de los casos podría tomar varios años antes de que regresemos a una situación parecida a la era pre-COVID.
Estamos cada vez más cerca de la otra orilla. Pero no hemos llegado a ella. Nadie debe cantar victoria todavía, ni relajar el estado de alerta en que nos hemos mantenido y que es la única garantía de sobrevivir.