La lentitud de los bueyes

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La lentitud de los bueyes

El título de este artículo no es del que esto escribe sino del escritor Julio Llamazares, pero viene bien al tema porque se trata de un asunto parecido al que dio origen a la poesía de este leonés nacido en Vegamián (España), pueblo que desapareció tras la construcción de una presa y que en ocasiones emerge cuando bajan las aguas del embalse para mostrar sus ruinas cubiertas de fango y lodo, asunto que inspiró a Llamazares para escribir un poema triste en memoria del pueblo que lo vio nacer, como hoy es para muchos Parras de la Fuente, un pueblo perdido que no ha sido sepultado por las aguas de una presa sino bajo los gobiernos del Verde Ecologista, el partido más corrupto de este País, donde también tenemos refranes para referirnos a los bueyes.

Con estos bueyes hay que arar. Primer ejemplo que tenemos a la mano y que usamos para manifestar resignación, cuando queremos decir que tenemos que salir adelante con los recursos materiales o humanos con los que contamos, como esos del Verde Ecologista a  quienes se les ha concesionado el pueblo de Parras. Y ni modo, no hay más, con esos bueyes del Verde hay que arar, o mejor dicho, que los bueyes somos nosotros por dejarnos mangonear.

El que por su gusto es buey. “Hasta la coyunda lame”, dice otro refrán que por obvio no necesita más explicación. Y eso pasa en Parras, donde sus habitantes le hacen caravanas a los ladrones del erario, y vemos como una comunidad sin fe, apática y sin dignidad se queda inmóvil, presenciando impávida cómo un grupo de cínicos se roba el presupuesto, y aún hay quien se arrastra para recoger las migajas que le avienta el pérfido cacique, falso ídolo burlador de honras ajenas, venerado como el gran buey Apis, que también será burlado, pues tanto incienso acaba por tiznar al ídolo.

Entre bueyes no hay cornadas. Es una expresión campirana que nos anticipa que entre secuaces no hay cornadas sino pura complicidad, como los del partido Verde de Parras, en los que hemos visto un orden riguroso, una secuencia lógica de acciones concatenadas y ejecutadas de manera metódica y contundente para lograr un objetivo bien definido y final; partirle la madre a nuestro pueblo.

Buey sin cencerro. “Se pierde luego” dice la sabiduría campesina, como actualmente se percibe al alcalde de Parras, Jorge “Coco” Dávila Peña, asesorado por cantineros y lenones que han convertido al centro histórico de Parras en lo que nunca se vio en los gobiernos del PRI o del PAN; en una zona de congales, gracias a este Alcalde sin cencerro, vergüenza nacional de las “Mangas del Chaleco”.

En los bueyes de mi compadre. ¿Cree usted que habrá justicia ante tanto latrocinio en Parras? Que la justicia se haga en los bueyes de mi compadre, dicen Evaristo y el “Coco”, arropados en la más artera impunidad.

¿Sacaremos a ese buey de la barranca? Imposible, porque hay alcaldes tan ineptos que para tomar decisiones acuden al consejo del adivino y otros, peor aún, van y se someten al espíritu del vino. Como el de las “Mangas”, ya lo vio usted.

“Todo es tan lento como el pasar de un buey sobre la nieve…” dice melancólico el poeta Julio Llamazares.