La justicia local a debate: la función de la academia

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La justicia local a debate: la función de la academia

Desde el 2008 inicié el proyecto de observatorio judicial para discutir las sentencias de los tribunales con expertos independientes. En una primera etapa, por más de 8 años y de manera consecutiva coordiné diferentes observatorios de la justicia electoral que dieron origen a una serie de seminarios internacionales y libros colectivos.

Todos critican a los jueces, pero muy pocos leen sus sentencias. En ellas se sintetizan las razones para resolver las controversias. Luego, si nos tomamos en serio el trabajo judicial, debemos tomarnos en serio lo que los jueces resuelven en cada caso concreto. Mi preocupación académica, sin embargo, era crear espacios de deliberación pública y racional.

En una segunda etapa y junto con la doctora Irene Spigno, desde el 2015, construimos el Observatorio AIDH. Durante los últimos cinco años se ha generado un espacio de diálogo con altas cortes, nacionales e internacionales, para discutir sus casos relevantes. En estos observatorios han participado una red de expertos que, año con año, discuten las razones de los jueces.

Como profesor disfruté mucho estos ejercicios críticos. Mi posición fue siempre cuestionar los fallos judiciales de manera seria, objetiva y respetuosa. A muchos jueces, sin duda, no les gustaron mis críticas. Menos cuando se cuestionaban los criterios que algunos jueces presumían. Pero al final siempre fueron ejercicios que permitieron una mejora continua en la justicia.

Desde el año pasado, sin embargo, mi posición judicial me obligó a asumir una nueva etapa. De ser un crítico académico a ser un juez abierto a recibir las críticas a mis criterios jurisdiccionales. En realidad se trata de una posición congruente: si tengo más de 15 años promoviendo el debate de las sentencias, a nivel nacional e internacional, no podía dejar de promover este tipo de espacios para la justicia local.

Ya no soy un profesor. Sólo puedo dialogar con la academia para escuchar sus críticas, explicar mis razones judiciales y corregir o confirmar mis criterios en la próxima sentencia. La Academia IDH, en colaboración con la comisión de derechos humanos que coordino en el tribunal, hemos organizado diferentes espacios académicos para discutir la justicia local.

Ha sido un año de gran aprendizaje. He recibido una crítica fuerte a mi trabajo judicial. He sido abierto a escucharla. En gran medida muchas de las ideas que los expertos han expresado a las sentencias o votos particulares que he formulado, enriquecen mi trabajo porque los jueces debemos estar siempre dispuestos a corregir nuestros errores o reafirmar nuestros criterios con mejores razones que justifiquen nuestra decisión judicial.

Es la primera vez que la justicia de Coahuila enfrenta un escrutinio permanente de sus resoluciones. En los talleres, seminarios y en el observatorio que se celebró la semana pasada, se sintetiza ya una doctrina que dialoga con los jueces locales a través de su crítica académica.

Las sociedades justas avanzan en la medida en que la deliberación de la justicia se convierte en un espacio público en donde se discuten las razones que los jueces damos para convencer a la comunidad de nuestro actuar. No se trata de cuestionar a los jueces sin leer sus sentencias. No se trata tampoco de cuestionar a los jueces sin expresar razones. Pero si la audiencia especializada coincide en cuestionar el quehacer judicial, los jueces debemos poner más atención en nuestras razones y fundamentos, sea para corregir o reforzar nuestra motivación judicial.

CRÍTICA A LA JUSTICIA LOCAL

En términos generales, más de 50 expertos internacionales durante este año han resaltado la apertura del poder judicial de Coahuila de abrir estos espacios de debate público. Pero también han cuestionado que la mayoría de los criterios del Pleno y las Salas no tutelan una justicia centrada en la protección de las personas, porque es excesiva e innecesariamente formalista conforme a los estándares contemporáneos del juicio debido.

En lo personal he aprendido de las críticas a mis posiciones. En unas reforzaré la argumentación de mis criterios y en otras corregiré las cuestiones que me parecen acertadas por parte de la doctrina.

Las personas merecen jueces abiertos que sepan reconocer sus fallos en sus fallos. Seguir cometiendo errores judiciales lo único que hace es perpetuar la injusticia e impunidad. Las personas no merecen jueces discapacitados por razón auditiva, cognoscitiva o sonora.