La caída
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La caída
En un bar llamado “México City” en Ámsterdam, Jean Baptiste se reúne con un amigo en periódicas ocasiones, en donde lo transporta con una serie de relatos a situaciones que él había vivido.
Las decisiones que caminan entre lo pragmático e irascible de Baptiste, lo obligan a llevar un estilo de vida encuadrado en una fuerte disciplina que lo llevan a ser un trascendente abogado de prestigio hasta que, cayendo en desgracia, termina como un abogado penitente, lejos de su entorno y asumiendo las consecuencias de su vida.
“La Caída” es una novela del filósofo Albert Camus, publicada en el año 1956. La novela revela excepcionalmente la línea existencialista de su filosofía; pero lo interesante es el camino que toma su obra y que nos transporta al absurdo de la sensación de aprobación y desencanto en contraposición a las cualidades positivas de la fraternidad del ser humano.
El absurdo de trascender en un concepto materialista y excesivamente individualista, envuelven al sujeto en donde cada vez le es más imposible e irracional buscar sentido a la vida cuando ha perdido la brújula que una vez lo dirigió.
La nueva forma de administrar el país –si se le puede decir administrar– encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, rediseña una forma nueva de actuar dentro de lo público y rediseña un nuevo mapa político; el cual sugiere una nueva etapa de la vida democrática de nuestro País.
Verdaderamente renovarse o morir. Los demás partidos políticos, que de una manera tripartita significaban la panacea electoral, fueron clave para un reparto de poder no violento. Otros grupos políticos buscaron aglutinar la lucha de clases, al obrero, al campesino y a una nueva clase media naciente.
En los mejores momentos, partidos políticos como el PRI produjeron de manera estatista un bienestar social. Pero, como en la novela de Camus, cuando la propia existencia pierde sentido y se enfrascan intereses y modelos superfluos, sucede el suicidio –de lo que tanto habló la novela “La Caída”.
Partidos como el PRI dejaron de funcionar cuando sus principios se subordinaron al programa económico neoliberal. Esto comenzó a alejar a dirigentes fuertes. Las señales ya se anunciaban desde las pérdidas de gubernaturas desde el 2015. Para tristeza de muchos, el PRI dejó la bandera de lucha de clases que lo hacía triunfar.
Ante un clima nada halagador, anunciando el 2019 como el año más violento del País, con una resistencia a los ajustes y nuevas políticas económicas, con una confrontación de la clase rica que no termina de entender conceptos como igualdad, redistribución del ingreso, justicia social y todos los nombres que signifiquen ser un cambio a la resistencia ordinaria y simplona a perder un status quo, el presidente sigue sorteando, unas veces bien, otras veces mal, problemas varios como del producto interno bruto, pobreza, corrupción, violencia-crimen organizado y gasto público que no se resolverán, inmediatamente con el ejemplo y el voluntarismo presidencial.
Considero que el desafío del Presidente radica en construir un nuevo sistema político, plural, abierto y tendiente a tender puentes hacia una democracia participativa.
Para los otros partidos –como el PRI– es rotundamente necesario repensar, renovarse y volver a los principios que los hicieron una alternativa viable y que algunos recaen en el bien común y en el respeto irrestricto a los individuos y a la nación.