La banca podría ser otra víctima más del austericidio

Usted está aquí

La banca podría ser otra víctima más del austericidio

Aunque no resulta ser nada nuevo el término austericidio, este se empezó a poner de moda durante la crisis financiera mundial del 2009. Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en el año 2008, popularizó este término, en un contexto en el cual algunos gobiernos alrededor del mundo decidieron fortalecer sus fundamentales económicos y evitaron en la medida de lo posible endeudarse a niveles fuera de su alcance.

La versión región 4 –o mejor dicho 4T– del austericidio, lo vemos en el día a día los mexicanos desde hace ya dos años. Mas allá del ya muy discutido debate de si la actual Administración presume no endeudarse más, aunque en términos relativos la deuda pública se ha disparado, el tema que también que debería ocuparnos, es como esa austeridad mal entendida está destruyendo la capacidad de gestión y regulación por parte del sector público.

El ejemplo que mas preocupa en estos momentos –y que seguramente no es el único, hablando en el tema económico– son los riesgos que la actual crisis económica pudiera desencadenar en relación con un potencial incumplimiento de pagos por parte de los deudores y su impacto en la liquidez y solvencia de la banca.

El mismo gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León, lo sentenció hace unos días al advertir que los bancos deberían estar preparados para un escenario como el ya descrito.

No obstante, el panorama no luce nada alentador, si tenemos presente que buena parte de la supervisión bancaria le corresponde a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, entidad que ha visto mermada su cartera de especialistas y técnicos con experiencia de años en el tema de la regulación financiera. El recorte de plazas encaminadas a ahorrar recursos y en el marco del desprecio por el conocimiento técnico por parte del Gobierno, ha implicado que la capacidad de supervisión de la CNBV se haya visto disminuida de forma

significativa.

No está de más reflexionar, hasta que punto pudo haberse prevenido la quiebra de Banco Famsa si la CNBV hubiera conservado el mismo equipo de especialistas encargados de la supervisión bancaria, toda vez que es un aspecto demasiado técnico que no es fácil delegar o simplemente pasarle la responsabilidad a cualesquier otro funcionario.

Sólo queda esperar que el caso de Banco Famsa, no sea solo uno más de una larga fila de fichas de dominó que pudieran presentarse en los próximos meses y que el sector bancario en términos sistémicos, no se convierta en una víctima más del austericidio.

Mas nos vale que eso no suceda.