Inmunes

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Lo que creemos que nos diferencia de otras especies ha sido la razón, aunque nuestros dogmas, prejuicios y esa afición perniciosa que tenemos por aceptar los mitos y dichos sin información y base científica, nos hacen pensar lo contrario. La prueba está en que por milenios nos hemos perseguido y eliminado por motivos de raza o religiosos. Conflictos bélicos, limpiezas raciales y persecuciones iniciaron por estos motivos. Gobernados por nuestros deseos, hábitos y costumbres, como decía Hegel, los humanos opinamos con base en el desconocimiento o con argumentos sin sentido y, en el mejor de los casos, inspirados por las historias y leyendas del libro impreso por Gutenberg en 1454.

Y es que una cosa es pensar diferente y creer que se tiene la razón y una muy distinta es tenerla. Porque mientras que el saber y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan, decía el poeta italiano Arturo Graf. Eso es lo que sucede con el debate de la adopción de niños por matrimonios del mismo sexo. La presunción de que los niños necesitan una madre y un padre está muy extendida y ha sido utilizada para intentar prohibirla. En esta discusión han aparecido dogmas y prejuicios como fundamento para expresar un punto de vista; jamás el uso de la razón, mucho menos el deseo de impulsar la equidad de derechos.

Los argumentos de quienes están en contra, hasta ahora se basan en lo que piensan que es correcto y dicen: Los padres no serán un buen ejemplo y por lo tanto los niños no se convertirán en unos adultos sanos. Van a violar a los niños. También serán homosexuales o lesbianas y tendrán afectaciones sicológicas irreversibles.

Sin embargo, diversas investigaciones han echado abajo estas versiones. La primera de ellas acerca de si los niños serán sometidos a la pedofilia por sus padres, un estudio realizado por Carole Jenny, de la Universidad de Colorado, publicado en la revista Pediatrics, encuestó a 269 casos de niños que fueron sexualmente abusados por adultos. En el 82  por ciento de los casos, el delincuente era una pareja heterosexual de un pariente cercano del niño. En sólo dos de cada 269 casos, el delincuente era gay o lesbiana.

Respecto a supuestas afectaciones sicológicas de los niños, por lo menos en el desempeño académico no se demostró. Un análisis de los niños con parejas del mismo sexo probó que los muchachos adolescentes en hogares del mismo sexo tenían un promedio de calificaciones de 7.9, en comparación con 7.6 para sus contrapartes en hogares heterosexuales.

Respecto a que los niños serían unos inadaptados sociales, la ciencia concluyó que los niños criados por padres del mismo sexo se involucraron en menos actividades ilícitas que los que fueron criados por padres de diferente género. Esto es obviamente incompatible con la afirmación de que los niños deben ser criados por un padre y una madre.

Abbie Goldberg, sicóloga de la Universidad Clark en Massachusetts, quien ha investigado los padres de gays y lesbianas, dice que los padres del mismo sexo tienden a estar más motivados y comprometidos que los padres heterosexuales. Pero mientras que la ciencia indica que los niños de padres gay no muestran diferencias en el rendimiento, la salud mental y su desempeño social, agreguemos que estos niños pueden tener la ventaja de los modelos de apertura, de tolerancia y de conducta para las relaciones equitativas.

En contraparte, habría que analizar el desempeño que hemos tenido como padres heterosexuales. Y es que nuestra entidad ocupa los primeros lugares en incidencia de suicidios; el segundo sitio en divorcios; el primer lugar en obesidad infantil y somos los segundos en la tabla de embarazos entre adolescentes y un larguísimo etcétera. Así que preguntémonos de nuevo: ¿De verdad el ser hijo de padres heterosexuales te asegura un buen destino?

La verdad está ahí en los datos comprobables, pero ¿Les será insuficiente para asumirla como cierta y pensar y obrar en consecuencia? Pareciera que un día terminaremos convenciéndonos de que ellos tienen razón, pues queda claro que no todos hemos sido creados iguales. Lo podemos comprobar por sus desigualdades mentales y físicas tan arraigadas que nos hacen creer que son inmunes… pero a la razón.