Inconcebible

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Indignación y vergüenza a un grado superlativo, nunca visto, ha provocado el hecho que ya da la vuelta al mundo como una noticia muy perturbadora. La policía mexicana se acobarda ante la presión de los delincuentes y les entrega al líder capturado “por error”. En México, la delincuencia tiene la última palabra, y el Presidente lo acepta.

En la versión oficial, la reversa fue producto de la prudencia. Se trataba de evitar el derramamiento de sangre ante una fuerza armada más numerosa que la de la ley. La población cabe aclarar, ya estaba en pánico total ante la tremenda balacera que se había armado.

Nuestra preocupación y justa indignación se centra en la falla evidente de nuestro Gobierno federal y su incapacidad para rectificar una equivocada política en cómo responder a la delincuencia organizada. Peor aún, cuando el Presidente se atiene a la presión familiar para acabar con la delincuencia algo está terriblemente mal en su capacidad de raciocinio.

Otra falla del tamaño de un hoyo negro es el hecho de enterarnos que la captura del junior delincuente fue por accidente. Las implicaciones son escalofriantes. Repasémoslas:

El poder desplegado por el joven heredero mostró que es el mero mero del cártel más poderoso del País. Y sin embargo, la policía no lo buscaba. ¿Acaso está arreglado con la autoridad?

Y si lo buscaba, ¿no había medido la fuerza que podía desplegar. ¿Qué nos dice de las labores de inteligencia del gobierno? Que están en la calle de la amargura, reducida a una nada que colinda con el ridículo total.

Cuando se lo topan por accidente, el joven amenaza pudo convocar a sus fuerzas protectoras con mayor rapidez que el Estado Mexicano a las suyas. Entonces qué hace la presencia del Ejército en Culiacán? Aparentan vigilar, pero hasta allí.

La conclusión inevitable es que al gobierno no le interesa capturar a los delincuentes de alto calado. Mucho menos le interesa o está dispuesto a confrontarse. Esta es la política oficial.

El precedente que se ha establecido es de una gravedad inconcebible. Es dar un premio a la violencia extrema. Es auspiciar a que los delincuentes se preparen para similares rescates. La receta está dada. Basta que salgan masivamente armados a atacar a la población para que el gobierno se rinda.

También muy grave el hecho de que sabemos que a Andrés todo este episodio le entrará por un oído y le saldrá por el otro. No hay persona más terca y cerrada que el Presidente en turno. Tampoco hay en su gabinete alguien que lo haga recapacitar.

Cabe preguntar, casi como mera curiosidad, quién tomó la decisión de que la policía metiera la cola entre las patas y soltara al personaje capturado por accidente. No puedo creer que la decisión se tomara localmente. Lo que nos mostraron es a Alfonso Durazo tragando camote, y recurriendo al eufemismo para diluir claridad del hecho. Según esto “los secretarios del Gabinete de Seguridad acordamos suspender dichas acciones.”

Andrés ha salido a decir que él estuvo de acuerdo con la decisión, sin decir claramente si fue consultado previamente o solamente informado del hecho consumado. Para todos efectos es como si él hubiera tomado la decisión de soltar al junior, porque Andrés defiende el resultado como apegado a su nueva política de no hacerle la guerra al narcotráfico.

Según la declaración de Andrés, estuvo de acuerdo con eso porque “no puede valer más una captura de un delincuente que las vidas de las personas.”

¿Cómo quedamos los mexicanos que creemos en la necesidad de defender el orden jurídico? Desolados. El error de la guerra de Calderón es no haber puesto reglas de confrontación claras, para evitar que hubiera víctimas inocentes a manos del Ejército. Pero renunciar a aplicar la ley, como lo hace Andrés, es lo más cercano que tenemos a un suicidio colectivo, sin que nadie pueda intervenir para evitarlo.

javierlivas@infinitummail.com