Incendio en ‘La Pinalosa’, ¿el final está cerca?

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Incendio en ‘La Pinalosa’, ¿el final está cerca?

Con el apoyo de una aeronave capaz de realizar descargas de 40 mil litros de líquido retardante de fuego, ayer se intensificó la lucha contra el incendio que consume, desde hace dos semanas, la zona serrana que une a Coahuila y Nuevo León. De acuerdo con el Gobierno del Estado, esto ayudará a concretar la extinción del siniestro en dos días más.

Es, a no dudarlo, una buena noticia porque aun cuando la afectación por el fuego se calcula en más de 3 mil 500 hectáreas, lo importante a estas alturas es impedir que la superficie siniestrada se incremente.

Todos deseamos, por supuesto, que la proyección informada ayer se cumpla y, en efecto, las llamas queden sofocadas en las próximas horas. Esto, sin embargo, es solamente el primer paso.

Enseguida, como lo han señalado especialistas en ciencias forestales, lo que se requiere es iniciar un plan de reparación que garantice la recuperación del bosque perdido en este episodio. Porque con la misma intensidad que todos deseamos que el incendio acabe, esperamos volver a admirar el paisaje que las llamas nos han arrebatado.

Pero recuperar el paisaje implica mucho más que solamente reforestar y con ello apoyar a la naturaleza en el proceso de recuperación de la flora. Implica, además, aprender las lecciones que nos deja este episodio y que son, por desgracia, iguales o peores a las que nos han dejado otros en el pasado.

Y eso requiere la más amplia cooperación de todos los órdenes de gobierno y de quienes habitan y/o son propietarios de las zonas boscosas que rodean a nuestra región.

Recuperar el paisaje implica mucho más que solamente reforestar y con ello apoyar a la naturaleza en el proceso de recuperación de la flora"

De entrada, los gobiernos de Coahuila y Nuevo León deben unir esfuerzos para el desarrollo de un plan integral de manejo del bosque mediante el cual se garantice un presupuesto permanente –y suficiente– para financiar una intervención humana estratégica en el entorno.

Otras zonas de nuestras sierras se han incendiado en el pasado y no hemos hecho lo necesario para garantizar una recuperación más rápida. Los estragos del fuego siguen allí, como recuerdo permanente de lo que nuestra inacción puede provocar.

Podemos, desde luego, no hacer nada y la naturaleza se encargará, a su ritmo, de establecer el saldo final de este episodio. El problema con ello es que dicho saldo no necesariamente será la recuperación del bosque, pues para que eso ocurra se requiere de la conjunción de diversas condiciones que pueden o no registrarse en los próximos años.

Lo más importante por ello es, una vez controlado el fuego, convocar a los expertos y sacar provecho del conocimiento que han acumulado a lo largo de lustros de investigación que ha implicado, sobre todo, estudiar las huellas que el fuego deja en los árboles.

Esperemos que el siniestro se extinga pronto, pero que inmediatamente después brote –y se sostenga– la determinación colectiva por impedir que sigan registrándose incendios de consecuencias catastróficas.