Hoy me comí las rosas

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Hoy me comí las rosas

1. Hoy me comí tres rosas. Fragantes en color piel de un recién nacido translúcido. Se integraron sin dilación al torrente sanguíneo. Nacieron espinas en las manos. Brotaban velozmente y mis dedos apresurados, quitaban sus puntiagudas elevaciones. De allí brotaba agua. Esto ocurrió todo el día, así que tuve qué quedarme sentada frente al rosal para dejar el agua que de mí brotaba, en sus raíces. Me dormí y al despertar, las rosas faltantes estaban restituidas.

2. Los caminos del agua que conectan el manzano, el ciruelo y el aguacate con el granado y el plumbago, trazan una galaxia acuosa que brilla con la luz del sol. Quito las hojas secas del aguacate que se mecen y a veces, detienen el flujo. Arriba del ciruelo, los pájaros tienen sonoras conversaciones y movimientos que ondulan las ramas. La galaxia acuosa crece en sus brillos, se extiende hasta mis pies. Nado en ella.

3. Tan ocupada en el suelo y en la humedad para los seres vegetales, que me había perdido de dos rosas amarillas abiertas. Deslizo mis mejillas por esos pétalos. Hay un perfume suave. En casa me doy cuenta de que flores secas del manzano están entre mis cabellos. Jalo de ellas pero se adhieren con más fuerza. Me susurran que vuelva al jardín. Atiendo sus voces.

4. Hace dos semanas corté flores de lavanda. Sus cuerpos están sumergidos con una etiqueta de indica el día en el que estará listo el oleato. Allí están frente al sol del amanecer que entra a diario por los cristales. Una de ellas danza entre el mar de aceite y exhala esferas. Me mira fijamente.

5. Todo fue meter tres ajos hasta el fondo y marcar con tablillas largas sus lugares precisos para el riego: dos ajos asoman sus largas hojas verdes, el tercero desenvuelve apenas esa languidez. A un lado crecen las flores de dientes de león que se postran ante sus nacimientos y se inclinan hasta el suelo; hacen una reverencia a este esfuerzo. Las hojas más largas del primer ajo en la hilera, me tienden su mano, me saludan.