Hay de indignaciones a indignaciones
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Hay de indignaciones a indignaciones
A inicios de la semana que termina, circuló un video donde se aprecia a una mujer, trabajadora del Territorio Santos Modelo (TSM), “reciclando” cerveza que saca de una tina para ponerla en el mostrador y supuestamente venderla durante el juego del Santos contra los Bravos de Ciudad Juárez.
Dicha acción desencadenó una serie de reclamos y una indignación generalizada de muchos laguneros y coahuilenses. El video, si bien también provocó bromas, memes y evocó a la nostalgia del antiguo estadio Corona, en general llevaba el dardo de la molestia, ira, rabia. Tanto fue el clamor ante el hecho de ver a una mujer removiendo cerveza de una cubeta, que el presidente del Consejo de Administración de Orlegi Deportes, Alejandro Irarragorri, se pronunció al respecto; la secretaría de Salud en el Estado actuó y clausuró algunos de los establecimientos; la concesionaria de alimentos se pronunció, despidieron a los trabajadores involucrados. Todo un “chevegate”.
La indignación tuvo efecto.
La misma semana, elementos de la Fiscalía General de Coahuila (FGE) mataron a un migrante hondureño –que soñaba con llegar a Estados Unidos con su hija– en un operativo donde según la versión oficial buscaban a un grupo de narcomenudistas, pero según la versión de los migrantes, el objetivo era directamente cazar a los extranjeros.
El caso causó indignación, pero más en voces de defensores de derechos humanos, comunicadores, líderes de opinión, activistas. La ciudadanía, en opinión de quien esto escribe, no hizo suya la indignación. Quedó a medias, pese a que el caso representa el suceso de un policía capaz de disparar a una persona indefensa con una niña a unos metros.
El 20 de julio, el secretariado ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública dio a conocer las cifras de delitos y carpetas de investigación al primer semestre de 2019. En Coahuila, se han documentado 17 casos de presunto feminicidio, estadística que ya supera el total (12) de casos registrados en todo 2018.
La indignación en los asuntos de feminicidio de este año, donde incluye el caso de una niña de 3 años que fue asesinada y enterrada en Matamoros por su padre, no tuvo la misma indignación que el “chevegate”.
Las 161 víctimas de homicidio en Coahuila, la más alta desde 2015, tampoco han indignado tanto a la ciudadanía.
En julio, un carbonero quedó atrapado en una mina del municipio de Múzquiz después de un derrumbe y fue hallado muerto después por rescatistas. El pozo donde ocurrió el accidente operaba de manera clandestina. Después, la secretaría del Trabajo clausuró cinco minas clandestinas que tenían contrato con la Prodemi para vender carbón a la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Nunca llegó la indignación.
El video que circuló en donde un hombre, Miguel “N”, golpea a su pareja, la lanza como bulto de papas de su vehículo a la carretera y luego la patea en Saltillo, provocó indignación y derivó en la detención del agresor y la vinculación a proceso por del delito de intento de feminicidio.
AL TIRO
¿Por qué unos eventos causan más indignación que otros? Podrían ser muchos factores. A la gente le preocupa más unos temas que otros. Otra posible causa es el poder de la imagen. Una imagen genera fuerza. Como señala Giovanni Sartori: “la autoridad reside en la visión misma: es la autoridad de la imagen”. Lo importante, decía Sartori en su famoso “Homo Videns”, es que el ojo cree en lo que ve, y por tanto, la autoridad cognitiva más auténtica es lo que se ve. Lo que se ve parece “real” y puede ser considerado como verdad.
La imagen conmueve a nivel de sentimientos y emociones. “La imagen habla por sí sola”, dicen. Lo no visto no existe, escribió Sartori.
El caso del “chevegate” y el agresor de Saltillo tenían la “fuerza” de hablar con imágenes.
Pero al final, hay de indignaciones a indignaciones.