¿Habrá justicia para los ejidatarios de Tenochtitlán?

Usted está aquí

¿Habrá justicia para los ejidatarios de Tenochtitlán?

¿Habrá justicia para un grupo de ejidatarios? En el País existen alrededor de 25 mil conflictos agrarios. Muchos casos duran años, décadas sin resolverse y, conforme transcurre el tiempo, más se dificulta su solución. Además, se sabe existe un rezago histórico de casos.

Por eso las cuestiones relativas a conflictos por límites de terrenos, restitución de tierras o invasión de éstas, son como una carrera de maratón. Hay que aguantar, aguantar y aguantar para llegar a la meta. En Coahuila hay un caso particular: el de los ejidatarios de Tenochtitlán, un poblado del municipio de Ocampo donde sus propietarios mantienen una lucha por sus tierras frente a un monstruo corporativo. Se han mantenido en una carrera lapidaria, pero parece que a lo lejos –quizá cerca– se vislumbra la zona de meta.

Pero la carrera inició hace años. Fueron 36 los ejidatarios beneficiados mediante la Resolución Presidencia del 19 de junio de 1973, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 20 de agosto del mismo año. En total les entregaron 10 mil 100 hectáreas del lote dos o Cañón de Regalado, propiedad de Armando de Hoyos Galicia.

En su momento se tomó como base un plano aprobado por el Cuerpo Consultivo Agrario. El 13 de mayo de 1980, se presentó en el ejido personal de la entonces Secretaría de la Reforma Agraria para ejecutar la Resolución Presidencial. Pero antes de la ejecución de ésta, Peñoles compró mil 300 hectáreas, por lo que cuando el personal de la Reforma Agraria llegó al sitio, únicamente entregó una superficie de 8 mil 758 hectáreas. Desde la venta a Peñoles, ya existía un vicio de origen. Y así siguieron explotando la plata.

En 2004, la Secretaría de la Reforma Agraria ordenó a la delegación estatal llevar a cabo la ejecución complementaria del faltante de tierras, pero la empresa First Majestic Silver Corp se amparó ese mismo año.

Después quisieron entregarle a los ejidatarios el faltante, pero las tierras eran de un rancho aledaño y no eran las hectáreas aprobadas por el Cuerpo Consultivo Agrario.

En 2006 la minera canadiense First Majestic Silver Corp se hizo del 100 por ciento de la mina “La Encantada”, asentada en el ejido Tenochtitlán, a 260 kilómetros de Ocampo y a 200 de Múzquiz.

Actualmente, según el reporte de la compañía en internet, “La Encantada” produjo en 2018, un millón 603 mil onzas de plata equivalentes a 24.5 millones de dólares

Además de la explotación de tierras que no les pertenece, hacen uso del camino ejidal y contaminan los terrenos.

Los ejidatarios exigen el pago de rentas atrasadas y contrato por el uso de sus tierras. No han recibido ningún centavo en cuatro décadas. No buscan que la empresa se vaya, pero luchan por justicia, por lo que –aseguran– les pertenece. En el camino, dos ejidatarios ya no vieron la justicia en sus manos porque fallecieron.

La lucha ha sido extenuante, desgastadora, un maratón interminable. Se han enfrentado a prácticas dilatorias que favorecen a la minera canadiense. Como en una ocasión que la autoridad agraria demoró un año en notificar a First Majestic porque les arguyeron que tenían que hacerlo en Canadá, donde tiene el corporativo. En otra ocasión, en 2013, cansados de los abusos, los ejidatarios realizaron un bloqueo al camino de la mina, pero fueron desalojados por la fuerza pública; 16 personas fueron detenidas.

Sólo un ejidatario, Eustacio Ascacio Velázquez, Tacho, vive en sus tierras. Los demás habitan en municipios colindantes. Casi todos fueron mineros y sobrellevan fracturas, lesiones y el desgaste del trabajo duro.

AL TIRO

¿Se imagina usted pelear por tantos años?

Actualmente los ejidatarios están a la espera de la sentencia del Tribunal Agrario del Sexto Distrito en Torreón. Después de tantos años, parece verse una luz en el litigio.

En próximas semanas, finalmente podría dictarse sentencia definitiva y poner fin al caso Tenochtitlán. La pregunta es: ¿de qué lado estará la justicia? ¿De un grupo de ejidatarios que hace más de cuatro décadas solicitaron tierras con la finalidad de hacerse de un patrimonio, trabajar y echar raíces, o de lado de una compañía canadiense que ha explotado la plata de la zona?

Parece ser, como dijo Mario Valdés, representante de los ejidatarios, que el caso “no tiene mucha ciencia. La Resolución Presidencial ahí está, las medidas no se pueden hacer más grandes y las fechas no se pueden cambiar”. Pues no, pero pese a ello ya suman años en la pelea, años en la carrera. ¿Habrá un cruce de meta? ¿Habrá justicia para los ejidatarios de Tenochtilán?