Seguimos en amable tónica postelectorera. Ya habrá tiempo de enfrascarnos en asuntos peliagudos, temas escabrosos y álgidos debates. Por hoy volteemos a ver al que parece será el Mirrey del Nuevo Reino de León, vecina comarca a la que hoy el País entero mira con una mezcla de solaz y piadosa condescendencia, combinación que como bien sabemos arroja un compuesto químico que se expresa con la fórmula T3rNuR1Ta.

Y es que el candidato vencedor por la gubernatura de esta entidad, Samuel Alejandro García Sepúlveda, ha cimentado su despunte político en acciones y declaraciones de una candidez que al final resulta hilarante y es al día de hoy motivo de acalorados debates académicos para determinar si es espontánea o parte de una inteligentísima estrategia milimétricamente calculada. Si es un maldito genio o sólo es suertudo poco importa, el ridículo le retribuyó y habrá de recibir su constancia de mayoría y posteriormente el Poder Ejecutivo de Nuevo León, en tanto el resultado de los comicios no se judicialice por alguna violación a los reglamentos de campaña.

Pero Samuel García sería incomprensible sin la activa participación de su consorte, la “influencer” Mariana Rodríguez Cantú.

Para mis lectores no tan versados en esta terminología, “influencer” es cualquier persona que, sin ninguna cualidad o mérito particular, goza de masiva atención en las distintas redes sociales desde las cuales presume su filosofía y/o estilo de vida, para agasajo de sus miles, quizás millones de seguidores. Esto es capitalizable a través del patrocinio de marcas que buscan asociarse a estas cíber-celebridades. Y si todo esto le parece muy raro o ajeno, ¡bienvenido al siglo 21, donde nos regimos por una economía de la atención!

Fue una colección de videos cortos en los que Mariana hace gala de ingenuidad, sobre las que también se discute su carácter genuino o impostado. Pero por patético que pueda sonarle esto, el matrimonio recibe trato de superestrellas de parte de sus admiradores, a quienes no les importa esperar horas o desplazarse desde otros estados para conocerlos y tomarse la “selfie” con la pareja más célebre del TikTok y la política.      

Aunque Samuel será gobernador, la victoria es innegablemente conjunta y esa será precisamente una de las cosas a dirimir ante la ley, si el apoyo de Mariana y su presencia en la propaganda de Samy debe contabilizarse como gastos de campaña, ya que es precisamente a lo que ella se dedica, a impulsar marcas a través de su imagen. El triunfo de la dupla habrá de ser estudiado por todos aquellos que deseen entender la política electoral mexicana actual y la relación del electorado con las redes sociales.

Hablaba ayer con un amigo nuevoleonés y déjeme decirle que lejos de estar abochornado o apesadumbrado con el triunfo de una pareja con fama de cabezas de chorlito, se siente muy satisfecho de que no ganó ninguno de los partidos tradicionales, lo que ya involucra necesariamente a Morena.

Pero no crea que crucé impresiones con un veinte o treintañero de medias luces. Mi amigo es un respetadísimo profesionista de casi 60 años, que siempre ha seguido de cerca la política nacional y desde luego la de su entidad. No es un mozalbete ingenuo sino con un ciudadano sensato, cuerdo y cabal, por si le queda alguna duda.

Está conforme. Sabe que el voto se decantó por quien tenía el historial menos percudido; cree que la conducta frívola de García es sólo un vehículo y que habrá de ceñirse a protocolos más rígidos al asumir el poder, además de que tiene muchísima confianza en la clase empresarial que mueve a Nuevo León, misma que ha servido de contrapeso a otros mandatarios delirantes –como el que actualmente despacha. Confía pues, en la interacción de los distintos componentes de la sociedad, en vez de acatar ciegamente la voluntad de un mandamás en turno como sucede, digamos, en Coahuila.

Es bueno tener en el empresariado un candado para la locura del poder, aunque ni es una panacea ni quiere decir que no presente efectos adversos. Pero lo que más regocija al amigo regiomontano es la cachetada que el triunfo del candidato de MC significa para la doctrina y discurso del presidente López Obrador, pues Samuel García representa precisamente los valores opuestos a los que AMLO predica.

Samy es un niño fifí, es decir, de clase privilegiada, donde según el mandatario se concentra la inquina hacia su persona. Lo dice él quien ¡literalmente!, pregona que aspirar a tener más de un par de zapatos es una desmesura –¡vaya viejo mentecato!

Así que los nuevoleoneses felices votaron por Samuel –y señora– porque son además personajes “aspiracionales”, es decir, modelos a imitar: Son influyentes, jóvenes, de mejor posición económica que el promedio, amigables con las redes –sin importar mucho que el pensamiento abstracto no sea precisamente lo suyo. Y que conste, no los estoy ensalzando; sólo describo las propiedades que los hicieron deseables para los votantes.

Samy gana la elección con un personaje y narrativa completamente opuestos al gastado rol del mesías frugal, austero, pobretón, casi ascético, “encarnación de las más nobles virtudes del pueblo históricamente empobrecido”. Ese discurso pega por lo visto muy bien en el centro y sur de México y en toda Latinoamérica. Pero los niños “fifíes”, en plenitud de derechos, también pueden votar y ser votados y al parecer apelan mucho mejor a la idiosincrasia de Nuevo León.

Los peligros que para mí entraña este niño-senador-influencer, cuasi Gobernador, es que de verdad se crea su personaje y sus argumentos de que “Nuevo León” es un país diferente que hasta libros de texto propios debe tener; que siga alimentando esa noción clasista separatista desde la gubernatura, cilindreando a los ciudadanos con distinciones rayanas en el racismo y con amagos de romper el pacto federal. Esos discursos son irreales, envenenan a la gente, caldean los ánimos, lastiman al País y son propios de un zoquete marca Donald Trump. Ojalá le baje varias rayas a esto, pero lo dudo.

Nuevo León apostó por un político que parece creación de Multimedios, sí, pero lo prefirió por encima de la hedionda oferta presentada por los partidos “grandes”. Y en su apuesta va la necesidad/confianza de que lo puedan tener bajo control. ¡Suerte con eso, primos!