Guadiana y la mafia del poder
Usted está aquí
Guadiana y la mafia del poder
Don Armando Santana Guadiana Tijerina ha comulgado con diferentes opciones políticas en su frenética búsqueda del poder. En primera instancia tuvimos a un priísta redomado, luego a un connotado filo panista, después a un dizque independiente y ahora, como por arte de birlibirloque, a un consumado promotor de Morena, lo cual nos deja ver de nueva cuenta el quid de la “mala pata” de Andrés Manuel López Obrador: nombrar como su representante en Coahuila a un empresario taurino y, por si fuera poco, también empresario minero con todo lo que conllevan dichas actividades respecto a fraude, depredación, explotación, sangre y sufrimiento.
Todos sabemos de la negra historia de la minería que siempre ha dejado escenarios de suelos devastados, acuíferos contaminados, fauna y flora exterminada y pueblos fantasmas de huérfanos y viudas. Asimismo, podemos afirmar que el fraude es consustancial al empresario taurino tanto en España como en Latinoamérica.
Recuerde usted que la “mita minera” fue un sistema de esclavitud para los indígenas en los tiempos de la Colonia. Asimismo, en Europa hubo ejemplos de explotación infrahumana en las minas de carbón de Asturias y también en el norte de Francia, donde Émile Zola retrata en “Germinal” la vida de los mineros esclavizados y con salarios de miseria.
Para no ir tan lejos en espacio y tiempo, basta citar el ejemplo de la región carbonífera de Coahuila con sus pozos criminales, la explotación subyacente y las tragedias mineras cuya realidad supera a lo novelado por Zola.
Con respecto a la “mala pata” de López Obrador que ha nombrado como su promotor en Coahuila a un empresario minero y taurino, se puede decir que el mismo “Peje” contradice el espíritu de su propuesta política, donde empresarios mineros y taurinos, entre otros, son parte de esa “mafia del poder” a la que tanto culpa de las desgracias de México.
Ser empresario, político y taurómaco puede llegar a ser una combinación catastrófica. El mejor ejemplo que tenemos a la mano es el de Maximino Ávila Camacho, pero tenga usted la seguridad de que no será el último ni el más nefasto y peligroso, pues resulta que esa mala pócima puede empeorar si le agregamos los ingredientes de la expoliación minera y el de la izquierda populista.
Y mire usted que la máxima crueldad de un taurómaco no estriba en su complacencia de ver la sangre brotar de las heridas del toro torturado, lanceteado, sometido al suplicio de las banderillas y luego acuchillado con la espada que inunda de sangre sus pulmones, no, en eso no consiste lo más despiadado y canallesco del abuso; el colmo es que al inocente animal le pongan de apodo “Goberladrón” y que una afición arcaica y soez se complazca en su martirio, como si el pobre animal fuera el responsable de nuestros avatares políticos.
Don Santana es empresario minero, político, taurómaco, promotor de la izquierda y, ahora, contra toda ética y estética quiere ser Gobernador. Allá usted si lo elige. Por un sexenio tendrá presente a ese terrible carnicero bigotón de las “Pandillas de Nueva York”, William “The Butcher” Cutting, sólo que en versión vernácula ranchera.