Foximiliano y Martota
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Foximiliano y Martota
Vicente Fox es una caricatura mal hecha de “Forrest Gump” porque carece de la inocuidad de aquel retrasado mental bondadoso y carismático cuyas ocurrencias resultaban siempre benéficas, todo lo contrario de Fox que es un alienado mesiánico con ínfulas de grandeza, un paniaguado que representa, precisamente, a lo más aguado del PAN; el promotor de la impunidad obsesionado con la idea de que López Obrador es un peligro para México, cuando todos sabemos que el peligro para ellos no es el “Peje”, sino el pueblo harto del “PRIAN”, cansado de que el PRI y el PAN sean hoy casi lo mismo, la derecha ultramontana en el poder.
Y es que Vicente Fox está de vuelta con su banalidad manifiesta, con el esfínter más flojo que nunca, con esa indigencia intelectual que lo caracteriza; protagonista de una farsa llamada “Fox populi”, un programa de televisión que no es de ideas sino de ocurrencias donde su inconsciente es una verborrea que brota de improviso para defender a Peña Nieto y atacar a Felipe Calderón, y conste que en este espacio hemos criticado mucho a don Felipe, pero no ahora que recibe las puñaladas traperas de Fox.
Y de veras que este personaje boquiflojo no acaba de entender que fue él quien fracasó rotundamente en lograr una verdadera transición política, el cambio que nunca ocurrió y que trajo como consecuencia la consolidación de la corrupción, la impunidad, la demagogia y el populismo de derecha, que es el peor de los populismos.
Vicente Fox dice “vomitar” a todo aquél que promueve a su señora para llegar al poder y acusa a Felipe Calderón de impulsar a Margarita para el 2018. Fox hace mofa de que ya hubo un Perón y una Evita, un Perón e Isabelita, un Kirchner y su Kirchnerita y que no debe haber un Calderón y su Calderoncita.
Fox no dice que, para desgracia de este País, también hubo un “Foximiliano” y una “Martota” que abusaron del poder como la “pareja presidencial” nunca vista en este País, porque ningún otro Presidente permitió que su esposa tuviera tanta influencia y poder como lo tuvo la boticaria de Celaya.
Y así como hubo una emperatriz Carlota que quiso cambiar el destino de México junto a Maximiliano, así asumió el poder Marta Sahagún, convencida de que el destino la había señalado para cambiar a México junto a Fox. Lo dice en el libro “Marta, la fuerza del espíritu”, libro que le dedica al que en ese tiempo era su amasio: “A Vicente, quien por encima de la inercia de la historia apeló a la fuerza del espíritu para cambiar a México”. ¿Y quién diantres era la “fuerza del espíritu” a la que Chente recurrió alborozado? Marta, por supuesto.
Y de ahí en adelante el vituperio: Marta en el Vaticano, Marta en China jugando con los guerreros de terracota, Marta en el avión presidencial lanzando el ramo de recién casada a las reporteras, Marta con Elton John en Chapultepec, Marta convertida en la Evita de México, Marta con sus pestañotas y su insoportable seseo a diario en la televisión.
Hoy Vicente Fox vuelve a las andadas con su diarrea mental. Ya lo dijo ese gran historiador de los circos, Tristán Remy, que un payaso, mientras menos hable y menos chistes cuente, es mejor.