Fotógrafos en Saltillo

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Fotógrafos en Saltillo

El martes pasado, Ariel Gutiérrez Cabello presentó su nuevo libro, “Escribidores de luz. Fotógrafos en Saltillo 1846 a 1920”, publicado por el Instituto Municipal de Cultura. Un libro de gran interés para la historia local por el cúmulo de información sobre el tema, de por sí poco estudiado, y su aportación a la memoria visual en la recuperación de fotografías antiguas, la mayoría inéditas.

Con esta segunda obra sobre el tema, Ariel se consagra como un auténtico gambusino de la fotografía, el buscador que sabe leer la luz en las imágenes del libro abierto que puede ser esta ciudad. Como el buscador de oro, él escudriña la fotografía, la interpreta y le encuentra un lugar en el contexto social, político y económico de una época de Saltillo. Su pasión le ha llevado a acumular una buena colección de fotos y a publicar este libro útil a la historia y grato a los ojos, gracias al cual nosotros podemos hacer ahora una mejor lectura de nuestra ciudad.

Es una vasta investigación sobre la fotografía desde su surgimiento en México en el siglo XIX, su llegada muy pocos años después a Saltillo y su desarrollo hasta 1920, una etapa difícil política y económicamente para la ciudad. El recuento de los fotógrafos avanza por décadas e incluye muestras de la obra de casi todos. Incluye también un interesante capítulo sobre las tarjetas postales de Saltillo y su reproducción en una hoja plegada impresa a todo color.

Con una prosa de estilo muy visual, Ariel narra un panorama muy completo del comercio en la ciudad y el entorno de la época en que se tomaron las fotografías. 

Así, parece trivial decirlo, nos va llevando en un recorrido de alrededor de 75 años a través del catálogo y de las historias, cuando pudo conseguirlas, de las personas que ejercieron aquí el arte fotográfico entre 1846 y 1920. Inicia con un rápido panorama de la fotografía en México, describe la profesión de fotógrafo, los estudios y los talleres fotográficos, detalla los diversos tipos de fotografías y hace el registro minucioso de los aficionados y profesionales que trabajaron en la ciudad temporalmente o de manera definitiva.

Podemos imaginar la curiosidad que despertaría un fotógrafo ambulante en la Feria de Saltillo el año de 1900, al ofrecer a los visitantes capturar su imagen en aquella caja misteriosa que era entonces la cámara fotográfica, y entregarles, poco tiempo después, su retrato para llevarse a casa.

Es fascinante poder leer la ciudad a través de las lentes expertas de los fotógrafos en Saltillo. Esos artistas de la luz nos legaron entrañables estampas de la antigua villa y ciudad, sus vistas panorámicas, paisajes urbanos y campestres, sus gentes, casas y edificios. No tiene precio el dejarnos seducir por el encanto de las galas que vistieron los personajes para retratarse, el primoroso traje de la novia o las rudas vestimentas del campesino, así como por la ingenuidad o sofisticación del escenario y la opulencia o la casta intimidad de las familias saltillenses de fines del siglo XIX y principios del XX.

Chesterton decía que un relato popular oído en nuestra niñez, es algo tan tangible y grandioso como una catedral gótica. Igual la fotografía: es tan palpable y tan cierta, que nos hace pensar que puede ser un género hermano de la historia porque es el testimonio del instante en que se capturó la imagen y quedó plasmada, quizás para siempre, en un trozo de vidrio, metal o papel.

Este libro nos hace saber que no obstante ser Saltillo en ese tiempo un pueblo pobre y pequeño, hizo suyo el arte universal de la fotografía y con ello encontró su lugar en el mundo, y que incluso, pudo hasta ser el centro del mundo, porque como decía Jules Renard de su pueblito: “El centro del mundo está en todas partes”.

edsota@yahoo.com.mx