Fin al celibato de los curas
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Fin al celibato de los curas
Otro escándalo sexual sacude a la Iglesia Católica desde el corazón mismo de su poder terrenal. Y de nueva cuenta se trata de la vertiente más ofensiva y degradante que ha socavado los cimientos de esta institución milenaria que, en tales circunstancias, bien requiere que el Papa Francisco convoque a un Concilio Vaticano, a efecto de abordar los temas que en este nuevo milenio son ya impostergables.
Claro, resulta ridículo que el suscrito pida convocar a un Concilio Vaticano, es como si pidiera a los líderes de las naciones el establecimiento de un nuevo orden mundial, pero todo sea por imaginar una Iglesia diferente, menos medieval.
El asunto es que de nueva cuenta tenemos el caso de un alto jerarca de la Iglesia Católica enredado en la pederastia. Se trata del prefecto de Economía del Vaticano, George Pell, acusado de proteger a curas pedófilos cuando encabezó la diócesis de Melbourne, Australia, algo similar a lo ocurrido en Boston, Los Ángeles, México, Irlanda y Austria.
Y es que los viejos muros de la Iglesia encierran anacronismos insondables cuya permanencia es ya insostenible en esta época de apertura y transparencia. Y conste que no sólo se trata de nuestra Iglesia, hay que ver lo que pasa en el Islam y el sionismo religioso. Tenemos aberraciones equiparables.
Wojtyla fue ferozmente anticomunista porque bien sabía que se trataba de una tendencia política que formaba fanáticos como la religión, del mismo modo que el islamismo es una religión que enmascara una tendencia política.
Y al igual que hoy nos parecen extremistas el sionismo y el Islam, también es cierto que nuestra Iglesia tiene sus atrasos. Si un Concilio sólo se convoca para combatir herejías con mayor razón se debe convocar para debatir asuntos tan polémicos como el celibato, el sacerdocio de la mujer, la infalibilidad papal, el dogma del pecado original y el criminal problema de la pederastia, por citar algunos casos.
Sólo el tema del celibato requiere ser tratado en una cumbre clerical. Se trata de un asunto relacionado con el sexo que no representó ningún conflicto para la Iglesia durante todo el primer milenio del cristianismo. De hecho, muchos santos y pontífices fueron casados y con hijos, hasta que allá por el año 1100 se impuso esa ley antinatural del celibato.
Ley absurda si tomamos en cuenta que el mismo San Pedro, el primer papa, el que tiene las llaves del cielo, sobre el que Cristo edificó la Iglesia, era casado y con hijos. Por mil años los sacerdotes se casaron y tuvieron hijos, luego, hace 900 años, les impusieron una ley que les prohíbe el matrimonio ¿No cree usted que ya es tiempo de que los curas puedan casarse nuevamente?
¿Y que le parece a usted esa vacilada del “pecado original”? ¿En verdad cree usted que en el corazón de un niño exista el pecado? Por eso chocó Wojtyla con Pedro Arrupe, prepósito general de los jesuitas, porque éste complementaba su fe con el análisis marxista y hay que ver como es que el marxismo destruye a ese mamotreto llamado “pecado original”, otro tema a discutir en el próximo Concilio Vaticano. Bueno, si es que el Papa Francisco nos hace caso y lo convoca.