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Ficciones de belleza y podredumbre
1
¿Cómo es caer al cielo? ¿Es una incorrección gramatical y física o un hecho posible?
Lo cierto es que ella había caído al cielo. Así. Su cuerpo fue arrojado a las nubes. Caía, era una caída libre que no cesaba. Hasta que encontró un listón de lluvia de oro, de él se sujetó. Sus pies se prendaron del horizonte. No preguntes cómo, pero empezó a andar.
En el cielo todo se hace de cabeza.
2
La policía covid-19 llegó a la casa estrecha del barrio humilde donde siempre había vivido una familia de ocho personas, sostenidas en amor por el trabajo de un obrero.
-Esto es contra las reglas de sana distancia y sanidad. No pueden vivir así. Los vamos a multar.
Dijeron los policías mientras un hedor se desprendía de sus cuerpos. Ay, el abuso y la avaricia.
3
El monje medita. Nacen a su rededor zapatos de todos colores y tallas. Brotan con facilidad entre la tierra fértil. Al salir del trance el monje se levanta y ríe a carcajadas. Se va por el pueblo colocando cada zapato en la cabeza de la persona a la que cree que corresponde. Ríe y ríe estruendosamente mientras los habitantes ya se quitan el zapato y lo miran, ya lo arrojan o se lo ponen alegremente en la cabeza, como la niña aquella que se ató con una cinta del cabello, su zapato amarillo.
4
El alcalde encementó el río con dinero del pueblo. Ahora es un vil canal gris. ¡Qué alegres pasean los pobladores por las noches entre las lámparas que él ha mandado colocar! Debajo, raíces, pensamientos de árboles y anfibios se debaten y mueren. El agua corre y sigue en su veneno con los aceites y contaminantes que todavía vierte la fábrica.
5
Las berenjenas siguen en su nacimiento. Nada de prodigioso tendría este hecho pues las flores fucsias sonrosadas de las berenjenas dan berenjenas. El prodigio es la mano del viento con su particular sabiduría y nutrición que llegó para ayudarla a eliminar la plaga que bebía de esos frutos. Ella casi pudo escuchar los pasos de alguien, algo. Dos días después, ya no segó berenjenas color café chupadas por insectos espinosos; eran berenjenas negras, contrastando con las flores fucsias sonrosadas. Porque las flores fucsias sonrosadas de las berenjenas dan berenjenas.
6
Ella maquinaba actos para su propio beneficio, ya fuera electorales o de percepción de los cargos más altos. Recibía despensas que luego vendía a los más necesitados. Ella pensaba que no importaba que vendiera lo que le dieran en donación, porque lo vendía más barato. Quienes debían recibir las despensas gratuitas la conocían bien. ¡Pero ella pensaba que era tan buena!
7
Ella duerme. El canto de las aves le avisa del próximo nacimiento del día. Así se sienta en la cama y se prepara para recibir el primer albor. La luz y el viento entran a su habitación pues no hay pared; de ese lado, solo hay una malla y cortinas translúcidas. Esta mañana los rayos del sol ingresan lentamente hacia ella, han tomado la forma de listones de lluvia de oro, esa planta que a ella tanto le recuerda a su infancia.