Félix Leví Reyes Aguirre
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Félix Leví Reyes Aguirre
A los pocos días de nacido, Félix Leví fue llevado a la iglesia para presentarlo ante el Altísimo. Sus padres habían escogido el nombre hebreo de Leví con la esperanza de que germinara en él la vocación del sacerdocio. “He aquí yo he tomado a los Levitas de entre los hijos de Israel, porque enteramente me son dedicados…”, como lo fueron en su tiempo Moisés, Aarón, Ezequiel y Malaquías. Nada cuesta soñar en un obispo o tal vez un Cardenal.
Y el sino parecía acomodarse a los deseos de los padres de Leví porque, al salir del templo, sucedió algo que fue tomado por ellos como una señal de aprobación respecto al nuevo levita: en la bocina del campanario empezó a escucharse el tema del “Éxodo”, de Ernest Gold, un momento muy solemne que les hizo pensar, al igual que Úrsula Iguarán, en que su hijo podía llegar a Papa.
Félix Leví había nacido en un hospital de nombre más que sugerente, el “Cedars-Sinaí” en California, ese gran Estado de la hermosa toponimia, la tierra de la Puerta Dorada, del famosos “Golden Gate”. El recién nacido fue arropado en una especie de “talit”, el manto judío con franjas azules puestas en sus bordes para hacernos recordar la ley de Dios.
Venir al mundo en California es como nacer en México. Aunque aún nos duele el hecho de que ese gran Estado nos fue arrebatado, el origen español y mexicano de ese territorio prevalece en la actualidad.
Seguramente que de Parras, la cuna de la viticultura en América, habrán salido los primeros sarmientos de vid llevados a la alta California para desarrollar sus viñedos. Asimismo, de la alta California llegó el cura Agustín Fisher para convertirse en párroco de Parras y, después, en capellán del emperador Maximiliano.
Así llegó Félix Leví a Parras de la Fuente, un niño recién nacido envuelto en su “talit” con franjas azules que nos hacían recordar la ley Mosaica. Y en Parras fue creciendo como crecen los niños en este pueblo mágico; nadando en sus estanques, jugando en la alameda, correteando por las huertas, subiendo el Santo Madero y disfrutando de los juegos que en el mes de agosto llegan a la Feria de la Uva.
Cursó educación primaria en Parras donde, seguramente, este forzado levita empezó a descubrir que lo suyo no era el sacerdocio, por lo que luego empezó a formar parte de las bandas de guerra, que mucho ayuda en la vida la disciplina militar. Luego, aún adolescente, Félix Leví partió para Texas, el gran territorio que fue de Coahuila antes de la gran secesión.
De Texas partió al estado de Washington, la tierra del indio Seattle, donde actualmente vive Félix Leví rodeado de bosques y de esa lluvia pertinaz que tanto agobia a los que han crecido en el desierto. No es sacerdote pero, como ellos, también ayuda a que la gente se vaya al cielo, pues Félix trabaja en la Boeing Company, una de las empresas aeronáuticas más grandes del mundo.
“Bendice alma mía a Jehová” por este día venturoso en el que Félix Leví regresa al pueblo de su gente y de su infancia. Su madre Cuquita está feliz de que hoy abrazará a su hijo que llega con Alejandra, su compañera. Su padre, que es el que esto escribe, da gracias a Dios por su retorno.