Fallece legendario reportero de Saltillo
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Fallece legendario reportero de Saltillo
In memoriam de ‘El Picos’
No lo conocí.
Solamente había oído hablar de un señor que era reportero y le apodaban “El Picos”.
Un hombre que se la vivía recorriendo las dependencias de Gobierno con una especie como de folletín, una hojita nombrada “Gráfico de la Tarde”, el periódico que él mismo maquilaba.
Supe también, por algunas voces, de su terca afición al trago y de que acostumbraba rentar dos habitaciones en un hotel del centro, una para vivir y la otra en la que montaría, pensaba, una oficina.
Un mediodía “Lalo”, alias el “Vivirindo”, otro compa de la prensa, me lo presentó.
Aquel encuentro fue poco afortunado.
“El Picos” se hallaba postrado en una cama del albergue “Comedor de la Misericordia”, enfermó.
Las hermanas, dos, me parece, le habían pedido a doña Irma Aguiñaga, la encargada de esta fonda para menesterosos, el favor de recibirlo ahí y lo recibió.
“El Picos”, se veía flaco y demacrado, la diabetes se había encargado de hacer su trabajo.
Sus piernas ya no querían caminar, o mejor dicho, no podían, y su estómago se negaba a recibir alimento.
En el comedor se habían encargado de conseguirle una silla de ruedas y de mantenerlo aseado hasta donde les era posible.
La escasa luz que se filtraba por el cuarto del albergue me reveló un rostro menguado y de pómulos salientes, el rostro de “El Picos” rendido ante la enfermedad.
Aquel mediodía, recuerdo, lo acompañaban algunos amigos del gremio que habían ido a visitarlo.
Que si podía entrevistarlo, le pregunté a “El Picos”, dijo que sí con voz apagada, pero que después, que después que pasara aquel mal trago.
“Yo te aviso Peña, deja nomás salir de ésta y te cuento toda la historia de mi vida”.
Otra mañana que regresé al comedor, me enteré de que su salud había empeorado y que lo habían trasladado al Hospital General para ser atendido adecuadamente
Pero como suele suceder en tantos casos como el de “El Picos”, en el Hospital General no lo admitieron o algo así.
Luego me dijeron que lo habían llevado al Asilo del Buen Samaritano y ya no volví a saber más de él, hasta ayer.
Que se había muerto me contaron cuando llegué al periódico y yo me quedé con la sensación, no sé por qué, de que le había quedado debiendo algo:
Tal vez aquella entrevista que nunca fue...
Quizá algún día le escriba un perfil al “Picos”, no sé cuándo, quizá… No sé…