Facturas falsas

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Facturas falsas

Ojalá, pudiera convencer a todo mundo que el problema de las facturas falsas está siendo generado por el Código Fiscal y el SAT. Ellos diseñan la ley y la aplican sin miramientos. El resultado es “el sistema fiscal” que pareciera diseñado expresamente para producir facturas falsas.

Los factureros y sus clientes simplemente reaccionan al “sistema”. Los riesgos y castigos prometidos parecen no importar. No los estoy justificando, simplemente describo la realidad captada por los sentidos.

Mi diagnóstico es sencillo. El SAT está entrampado. De un lado, tiene legisladores a los que no les importan gran cosa los empresarios, y hasta coraje les tienen. Inclusive, creo que la mayoría actual de Morena en la Cámara de Diputados —y hasta Andrés— se deleitan creando más y más medidas coercitivas, como la criminalización de omisiones leves y lo relativo a la extinción de dominio. Combinadas, son fatales.

Por otro lado, la institución y su directora tienen que enfrentar problemas ancestrales de control interno como mañas y transas. Comandar en forma eficaz suena a misión imposible si el problema no se enfrenta integralmente.

En un artículo previo sobre terrorismo fiscal hice una predicción: entre más complicada sea la ley y su cumplimiento, mayor será el incentivo para la evasión y crecerá el monto de lo evadido. Ah, pero los genios del gobierno siguieron complicando más y más “el sistema”. Pero ni remotamente imaginé el grado de desorden alcanzado, ahora reducido a una nueva frase inmortal: “Las facturas se venden como verduras”.

Es una lástima. Casi cuatro cientos mil millones de pesos como costo de la evasión de seguro podrían pagar una buena asesoría. Pienso en los muchos que han hecho de esto un gran negocio, chueco pero rentable al extremo. Quisiera una rectificación. Sé que “las trampas existen a la medida del entrampado”. También, que si alguien no ve el problema con total claridad, puede ser que esté dando palos de ciego.

Mayor lástima sería que los intereses políticos de este gobierno se aprovechen de una directora del SAT bien intencionada para crear un clima de zozobra económica y social. Nada asusta más la inversión privada que la proliferación de historias de persecución fiscal. La existencia de tribunales y amparos no nos salvarían de un colapso tipo chileno o peor.

¿Acaso exagero si digo que el gobierno ve a los causantes como delincuentes y los causantes ven al gobierno como enemigo? De estar en lo correcto significa que no existen los puentes necesarios entre gobierno e iniciativa privada como para abordar el tema y buscar de buena fe una solución inteligente.

Estamos todos en una situación de perder-perder. El gobierno pierde ingresos, el causante pierde tiempo, esfuerzo y dinero. Evadir no es gratis, también algo cuesta, y los factureros se aprovechan para cobrar caro su “servicio”. El remolino de falsedades cruzadas y auto-engaños tiene que ser frenado en seco con una serie de reuniones que terminen con un plan de cómo dar reversa a esta gran derrota.

No veo cómo se han tardado en reaccionar cuando en los Estados Unidos se dieron ya una serie de reformas simplificadoras fiscales que detonaron el crecimiento de aquel lado a niveles no vistos en cincuenta años o más.

Lo que sí me doy cuenta es que la carga de mejorar “el sistema” está recayendo sobre una sola persona, Margarita Ríos Fajart. No se nota que le den con qué hacerlo porque ausente en esta crisis están tanto Andrés como el secretario de Hacienda y Economía.

Estamos también en desventaja en crecimiento económico. Allá por encima del tres por ciento anual y aquí tendiendo al crecimiento negativo. La diferencia entre las estrategias impositivas debe pesarnos como un yunque en el cuello.

Quizá requerimos una revolución fiscal en favor del causante. Un cambio tan grande en las premisas así como en los objetivos. Les toca presionar a los causantes cumplidos que son los peores librados en todo este pleito entre la ignorancia y la malicia.

javierlivas@infinitummail.com