Estrellas que se apagan
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Estrellas que se apagan
“A partir de aquel primer encuentro en falso, procuré convivir con él en términos de gran respeto, pero jamás pude convencerlo de mi sinceridad.”
1.- Termina una semana sombría que se ha llevado a dos figuras importantes del mundo de las celebridades, aunque muy distintas y lejanas entre si. El domingo 15 de mayo del presente, dejó de existir un personaje muy singular que destabaca no solamente por medir únicamente 70 centímetros de estatura sino por su irascible personalidad y su voz, escandalosamente aguda. Me refiero a Margarito Esparza.
2.- A continuación diré algo que podrá parecer “políticamente muy incorrecto” pero no puedo mentir: cuando me enteré que el autoproclamado “actor más pequeño del mundo desde 1936” había muerto, me resultó imposible reprimir un profundo suspiro de alivio. Desde que lo conocí personalmente en una televisora coahuilense a la que llegó después de haber trabajado con intensidad en la televisión regiomontana, me pareció un hombre que sufría muchísimo. Así, en superlativo.
3.- Basta ponernos un par de minutos en el lugar de Margarito para entender su tragedia. Haber vivido casi 80 años en un mundo en el que todo -absolutamente todo- le quedaba enorme y su entorno era una amenaza constante para su integridad física y emocional, es como sufrir una tortura sin tregua. Además casi todos le hablaban en voz muy alta y aguda, con frases lentas y bien pronunciadas como se le hablaría a un niño muy pequeño, a un sordo o a una persona con discapacidad mental. ¡Casi nunca fue tratado como adulto!
4.- El día que lo conocí, Margarito me daba la espalda. Frente a él había una mujer que, después supe, era la esposa del representante del singular actor. Al acercarme asumí, imprudentemente, que se trataba de una señora y su pequeño hijito a quien había vestido con un trajecito vaquero coronado por un tierno sombrerito color de rosa. “¡Ay, que bonito está…!” dije a la mujer, dando una palmadita en la cabeza de aquel a quien de inmediato reconocí cuando volvió su rostro hacia mi mientras gritaba: “¡Bonito tienes el…hijo de tu…tal por cual…”
5.- Margarito se mantenía todo el tiempo alerta y a la defensiva. Siempre mostraba enojo y, siendo realistas, su agrio humor estaba justificado. El mundo entero lo trataba como un juguete. A partir de aquel primer encuentro en falso, procuré convivir con él en términos de gran respeto, pero jamás pude convencerlo de mi sinceridad. Me alivia pensar que sus sufrimientos han terminado para siempre del mismo modo que le sucedío unas horas después al Rey del Rodeo: Emilio Navaira.
6.- Después de haber estado a las puertas de la muerte en aquel accidente de tránsito del 2008, Navaira regresó a los escenarios con algunas secuelas. Lo que entonces nadie sabía, ni siquera él mismo, es que le quedaban ocho años más de vida los cuales disfrutó con una actitud muy positiva. Resultaba evidente para cualquiera que lo haya tratado en ésta última etapa de su vida, que Emilio valoraba mucho el estar vivo.
7.-Tuve la oportunidad de entrevistar a Emilio Navaira un par de veces, la última vez que conviví con él fue hace unos meses cuando fue el padrino de nuestra compañía teatral cuando presentamos la obra Embarazo a domicilio.
Despues de que la prensa y los asistentes captruaron imágenes me retiré a los camerinos para quitarme el vestuario y refrescarme porque Emilio habría de tomarse fotos individuales con todo el reparto. Cuando volví al escenario Navaira se había retirado; perdí mi oportunidad para siempre.
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