‘Estas ruinas que ves…’
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‘Estas ruinas que ves…’
“Estas ruinas que ves, fueron las de un gran partido político”, podría decir hoy cualquier priísta parafraseando al personaje de Ibargüengoitia y agregando en forma lastimera que el domingo pasado, en este País, hubo sentidos funerales, aunque sin decirnos todavía quiénes fueron los difuntos y, por eso mismo, han surgido especulaciones al respecto; unos creen que falleció un presidente, otros dicen que murió el líder de un partido, otros afirman que ya fenecieron varios gobernadores y otros aseguran que fueron enterrados algunos cadáveres políticos, nadie sabe pero hay luto en el PRI.
Y no está mal morirse en la raya, todos vamos a ese destino final, la tragedia es que se mueran las convicciones, los ideales, la justicia social y una revolución que desde hace tiempo se ha venido amortajando.
¿Cómo matar a un partido político o a una revolución institucionalizada? Muerte sólo hay una pero son muy diferentes las formas de matar; “una, en el sentido estricto y literal de la palabra, la otra, haciendo la vida imposible”, como lo dijo don Eugenio d’Ors, el más destacado intelectual adicto a Francisco Franco, dictador al que Javier Duarte de Ochoa, Gobernador veracruzano, dice admirar, por lo que no debe extrañarnos que el Partido Revolucionario Institucional haya perdido Veracruz, tumba reciente de muchos periodistas asesinados y donde, el caudillo Duarte, de voz aflautada como la de Franco, fue un desastre para el PRI. Bien merece ir a la cárcel, ojalá que Miguel Ángel Yunes Linares cumpla su promesa y lo encierre en el penal de Pacho Viejo. Que un Gobernador priísta se declare admirador de Franco es motivo suficiente.
Otro que le hizo la vida imposible a los priístas fue Roberto Borge, Gobernador de Quintana Roo, donde miles de ellos renunciaron al PRI poco antes de las elecciones al sentirse traicionados por la dirigencia de su partido y su Gobernador, mismo que le entregó al Partido Verde y al Panal los municipios de Cancún, Puerto Morelos y Bacalar. Borge puede acabar en la cárcel, así lo prometió el próximo Gobernador panista, Carlos Joaquín González.
A Tamaulipas se envió como delegado del PRI a Fernando de las Fuentes, el “Diablito light”, como remedio para levantar a un enfermo tricolor ¿A quién demonios se le ocurriría aplicar tan infame tratamiento? Fue como aplicarle una lavativa a un muerto, pues el mentado “Diablito” ni es político, ni operador, ni activista y mucho menos líder de algo, es un producto del juniorismo coahuilense, pretende ser genial y cuya máxima ironía se remonta a la gastada ocurrencia de decirle al que se deje; “Que Dios te bendiga”, para que luego se diga; “Mira tú, el Diablo nos bendice”. La ley mosaica es muy clara al respecto; “No tomarás el nombre de Dios en vano”.
En Coahuila se ha entregado un municipio a los corruptos del Verde Ecologista. Un pueblo mágico donde es muy evidente la riqueza inexplicable de un tal Evaristo y un Paulino. Ya se habla de una renuncia masiva de priístas. Es en Parras de la Fuente, donde esas ruinas que ves son las del PRI. A ver si no pasa lo que en Quintana Roo.