¡Estaba bromeando!
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¡Estaba bromeando!
Hay un cuento Zen que me cautiva: “Hyakujo, un maestro Ch'an (Zen) chino, acostumbraba trabajar con sus discípulos aun teniendo ochenta años; cortando el pasto del jardín, limpiando el suelo y podando los árboles.
Los discípulos sentían pena al ver trabajar tan arduamente al anciano maestro, pero ellos sabían que él no escucharía sus consejos de dejar de hacerlo. Entonces resolvieron esconder sus herramientas. Aquél día el maestro no comió. Lo mismo ocurrió el día siguiente, y el otro.
— Él debe estar enojado porque hemos escondido sus herramientas. –pensaron los discípulos. Es mejor que las coloquemos nuevamente en su lugar. El día que ellos lo hicieron, el maestro trabajó y comió como antes. Por la noche simplemente los instruyó diciendo:
— Si no hay trabajo… ¡no hay comida!”1
El poder que genera el trabajo tiene la virtud de encontrarte contigo mismo, con tus dones y bienes, a veces ocultos; trabajar es abrir tú alma para que brote la escencia y la energia pura del amor incondicional que llevas en ti.
Trabajar es empoderarte de la vida, siendo tu mismo, simplificando tu vida, expandiendo y sacando a la luz tus poderes, dando de ti todo lo que tienes, para disfrutar el presente, para trabajar en tu trascendencia; es darte permiso para recepcionar los milagros que DIOS tiene para ti.
Trabajar, es el refugio de la inagotable creatividad que te enamora de ti mismo, que te lleva a creer que SÍ SE PUEDE, a reconciliarte con tu pasado, y a vivir la plenitud del presente, enfrentado problemas y resolviendolos con esa innata sabiduría que llega con los años.
Trabajar en lo que llena tu ser, en lo que te gusta, no es trabajar, es disfrutar tu vida, es vincular tus sueños, tus deseos, tus aptitudes y capacidades con tu maestro interior, enfrentando los miedos, para reencontrarte contigo mismo.
Trabajar con pasión, es dulzura para tu alma que te convoca a dar el extra, entonces lo ordinario se transforma en extraordinario; trabajar te enseña que el éxito o el fracaso sólo dependen de ti, un hombre que se entrega apasionadamente a su tarea, esta llamado a triunfar y ser feliz.
Trabajar creativamente, hacer tu tarea de buenas, a la primera y bien hecho, es un placer que te aleja del conformismo y como por arte de magia llegan a ti el racimo de bendiciones y la ‘buena suerte’.
Trabajar con amor, emoción y alegría, te lleva a la cima, al trasformar tus talentos, que son tantos y naturales, en abundancia de bienes y dones.
El trabajo más productivo, es aquel que se hace por placer, más que por obligación; es aquel que une genio, entusiasmo, profesión, diversión, vocación y afición, para hacer de tu trabajo una obra maestra, que te trasforma cada día en un ser renovado y mejor, altamente creativo y productivo, para que se detone tu inagotable imagenería y redescubras el poder que hay en ti mismo.
Trabajar con pasión, es medicina pura para el alma, es el remedio para todos los males, es la puerta de entrada de todos los bienes, es decubrir un mundo interesante, en el que las cosas buenas llegan a tu encuentro.
Trabajar con entusiasmo y amor, es intimar con tu alma, olvidando dolores y pesares, para encontrate con el secreto de la vida; trabajar es el camino para desterrar la holgacenería y el ocio, para evolucionar y crecer, para ser bienaventurado y feliz, al gozar de buena salud fisica y mental.
Las personas fracasan o prosperan cuando hay retos, los que fracasan claudican y se desaniman a la primera, los que triunfan jamas se desaniman, enfrentan los retos trabajando con emoción, pasión, mistica y sentido de pertenencia, creyendo en sí mismos.
El Filósofo de Güémez trabaja en el humor con amor, a propósito: “Luego de haber celebrado treinta años casados, la mujer le pidió a su esposo:
— ¡Viejo, quero que me describas!
El hombre la miró con detenimiento de arriba abajo y le contestó:
— Tu eres A, B, C, D, E, F, G, H, I y J.
— ¿Viejo…y eso que significa? –preguntó su esposa confundida.
— Que eres: ¡Adorable, Cariñosa, Delgada, Fuerte, Graciosa, Hermosa, Inteligente, y Jovial!
La mujer lo miró con ternura y con una sonrisa de oreja a oreja, cargada de felicidad le dijo:
— Viejo… eso es muy dulce, pero te saltaste la E y la B, ¿Qué significan esas letras?”
El pela’o contesta: — ¡Estaba Bromeando!”