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¿Eres dulce o salado?
¿En qué piensas cuando quieres darle un capricho al paladar? ¿Eres más de tarta o de plato de cuchara? La preferencia de un individuo por el sabor dulce o salado tiene tanto una base fisiológica como psicológica, así como múltiples explicaciones. Nuestros expertos nos refieren algunas de ellas.
Antonio Villarino, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación, no encuentra motivos para determinar la preferencia por uno u otro sabor desde el punto de vista de la nutrición, “tiene que ver más con la psicología”.
“Ambos son calóricos, pero los dulces en menos cantidad de alimento hay más cantidad de energía”, añade. Quizá por eso, algunas personas se decanten más por un sabor dulce cuando quiere obtener de forma rápida energía.
Por lo tanto, nos queda buscar en la neurología y la psicología, que se dan la mano en el mundo de los sabores para definir los factores que definen que nos sintamos más atraídos por el sabor dulce o el salado.
Hablar de experiencia es hablar de psicología. Una de las líneas de investigación de este tema se centra en el estudio de la personalidad asociada a la preferencia de los sabores.
José Díaz, psicólogo clínico, resume algunas de estas teorías procedentes de autores y universidades americanas:
-Dulce: Está asociado a personas satisfechas, seguras de sí mismas y alegres. Tienen energía que contagian a los demás, son impredecibles y causa admiración. “Muchas veces preferimos alimentos según estado de ánimo: si estás triste o depresivo tomas dulce”. También son personas hedonistas, solidarias y compasivas.
-Salado: Personas que se dejan llevar por lo que dice la mayoría. Además, cifran más las situaciones de la vida y la suerte en factores externos que internos.
-Ácido: “Personas con pensamientos dispersos”.
-Picante: Para personas que tienden a la novedad, les gustan las emociones fuertes. Son alegres pero pueden desarrollar ira, irritabilidad e impaciencia.
-Amargo: Individuos insatisfechos con deseos de cambio.
-Cítrico: Alegría y espontaneidad, personas que tienden a tener metas a corto plazo.
Carlos Tejero y José Díaz apuntan dos curiosos aspectos de este tema relacionados con embarazo, maternidad e infancia y por qué los primeros años de vida el niño reacciona mejor ante los sabores dulces que los salados, cítricos o amargos.
El vocal de la SEN describe que “la leche de nuestras madres puede condicionar nuestras preferencias”. Aunque todas las leches maternas tienden al dulce, algunas puede serlo más que otras.
Dependiendo de esto, el bebé seguirá buscando ese sabor en los primeros alimentos que sean introducidos en su dieta, en otras palabras, “buscamos el sabor dulce porque se parece a la leche materna”.
Por otra parte, José Díaz apunta que “está demostrado que el líquido amniótico lleva el sabor de la comida de la madre al feto, muchas veces las madres disfrutan comiendo algo cuando están embarazadas que luego a sus hijos les gusta también”.