Érase un País electorero…
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Érase un País electorero…
México parece ser el País de las elecciones perennes, las más costosas y publicitadas del mundo, como si fuéramos la democracia más exitosa y perfecta, el País de las elecciones dinámicas, con el aparato burocrático electoral más caro del orbe, el de los millones de spots y las campañas negras, el País de las lideresas vitalicias, las despensas ominosas y del frijol con gorgojo, el País del clientelismo rampante y del abstencionismo creciente, donde todos, sin inmutarnos siquiera, escuchamos miles de veces al día la frase machacona y artera que dice; “este programa es público, ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido el uso para fines distintos a los establecidos en el programa”.
Democracia, spots, candidatos, campañas y ahora los “independientes”, son palabras muy gastadas que, como ya se sabe, ahuyentan al electorado de las urnas, asunto muy conveniente para los beneficiarios del abstencionismo.
Pero además de las palabras gastadas de nuestra democracia, tenemos las decepciones profundas como los sexenios de Fox y Calderón, reconocidos como la fallida transición del PAN y, peor que eso, su degradante prostitución política en sus alianzas locales con el PRD, las que llevaron al poder a puros expriístas resentidos, como a Rafael Moreno Valle en Puebla, a Gabino Cué en Oaxaca, a Mario López Valdez en Sinaloa y a Heladio Aguirre Rivero en Guerrero.
Es la misma situación de los candidatos “panistas” que hoy van a las urnas y que son meros tránsfugas del PRI, como Miguel Ángel Yunes Linares en Veracruz, José Rosas Aispuro en Durango, Carlos Joaquín González en Quintana Roo, José Antonio Estefan Garfias en Oaxaca, Martín Heredia Lizárraga en Sinaloa y Francisco Xavier Berganza en Hidalgo. Por mucha flexibilidad política que exista, el PAN no puede eludir estas aberraciones ideológicas fatales y en eso, precisamente, consiste su prostitución política, en que todos estos candidatos suman más de un siglo de militancia priísta.
Otra decepción profunda han sido los llamados “independientes” donde el colmo de la mala pata es el ahora Gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, del que bien podemos decir que es el “hombre-casi”; casi independiente, casi líder, casi cumplidor, casi político, casi gobernante, casi priísta, casi bronco y casi nada. Un farsante.
¿Y a quiénes tenemos como “candidatos independientes” en las elecciones de este día a los gobiernos estatales? Al expriísta Gabriel Arellano en Aguascalientes; a José Luis Barraza en Chihuahua, destacado militante de la ultraderecha empresarial; en Durango tenemos al expriísta Alejandro Campa; en Puebla a la expanista Ana Teresa Aranda; en Tamaulipas al experredista Francisco Chavira; en Veracruz al expanista Juan Bueno Torio y en Zacatecas al expriísta Rogelio Soto. Unos “Independientes” que, entre todos, suman más de un siglo de militancias partidistas.
En verdad que sería un insulto decir que alguno de los políticos mencionados en esta columna tiene algo de frescura. Ni tan siquiera hay uno que sea refrigerado. Más que oler a naftalina todos ellos hieden a catacumba, a putrefacción antigua, “El Bronco” incluido.