Entre debates y cosas peores
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Entre debates y cosas peores
Tuve la oportunidad de visitar Colombia en dos ocasiones. Entre la alegría que caracteriza al vallenato, el buen café y la magnífica obra de Botero, resultaba difícil pensar en los tiempos aciagos que vivieron nuestros hermanos sudamericanos, sometidos por el flagelo de la violencia durante décadas. Ciertamente, ese país es hoy por hoy un referente internacional en la lucha contra la delincuencia. Fue necesario el sacrificio de una cifra incalculable de vidas humanas, además de altos costos sociales y económicos, para que los colombianos adquirieran el conocimiento en materia de seguridad, que ahora comparten con el mundo. Si bien la tranquilidad no ha regresado del todo, la disminución en la incidencia delictiva es notable en esa nación.
En el aspecto político, los paisas –como son conocidos los colombianos originarios de algunos de los departamentos de aquel país– no han logrado la misma estabilidad que obtuvieron en materia de seguridad. Y es que, en aquellas tierras, los políticos en campaña (y fuera de ella) se dan hasta con la cubeta. Incluso hay quienes aseguran que las mentadas fake news, que hicieron necesaria una regulación especial en la plataforma de Facebook, tienen su origen precisamente en Colombia, donde empezaron a ser usadas como parte de las campañas sucias entre la clase política. En aquellos lares, la información falsa y las verdades a medias pueden incidir, con cierta facilidad, en el resultado de una elección.
Lo anterior viene a cuento, porque justo el día de hoy la candidata y candidatos a la gubernatura coahuilense se someterán al primero de los debates organizado por el instituto electoral local. Seguramente quien pensó en la obligatoriedad de los referidos encuentros consideró como una necesidad que el pueblo de Coahuila conociera a plenitud el contraste entre las propuestas de quienes aspiran a la primera magistratura en nuestra patria chica. Sin embargo, se les olvidó un pequeño detalle: acá los aspirantes no curten mal las baquetas (dijera don Héctor), y aquellos debatientes que carecen de una oferta política concreta y viable pretenden convencer sacándose los trapitos al sol. Sin duda, el evento se convertirá en la sucursal de la Arena México. Así como en la canción que hiciera famosa la Sonora Santanera del tabasqueño Carlos Colorado Vera, en el ring lucharán los rudos ídolos de la afición, con la única diferencia que acá la gente no estará loca de la emoción. Y es que los debates, sus formatos y contenidos, ya no despiertan el más mínimo interés entre el respetable. Estas prácticas disfrazadas de equidad se han convertido en un espacio publicitario que poco abona a la incipiente democracia comarcana.
Debates habrá y muchos. Unos, organizados por el árbitro electoral, que en estricto sentido deben ser los más confiables, y otros, hechos “a modo” para beneficiar a tal o cual candidato; como el que ya se prepara en la Universidad Iberoamericana de Torreón, para que el aspirante “sin propuestas” Guillermo Anaya salga bien librado, y si se cae, que caiga en “blandito”.
Aquí en confianza, los debates políticos en nuestros tiempos ya no alcanzan la finalidad para la que fueron diseñados. Dejó de haber propuestas y razonamientos, para dar paso a los ataques y la diatriba. En el plano ideal, el ganador del encuentro deberá ser aquel que presente la mejor oferta, una que sea congruente y sólida para asegurar el bienestar de las y los coahuilenses, y no quien tenga el mejor tino en el lanzamiento de lodo.
Fue precisamente en el llamado Gran Debate del 2014 donde Clara Eugenia López Obregón, candidata a la Presidencia de Colombia por el Polo Democrático Alternativo, se opuso a las campañas sucias entre los políticos de su país. La economista, abogada y dirigente política, sentenció: “Quienes hacen guerra sucia no se han ganado el derecho a gobernar”. Ojalá en este Estado escucháramos menos ataques y más propuestas. Al tiempo.