Enemigos de la Constitución

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Enemigos de la Constitución

Hoy celebramos el centenario de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, tal vez, sin exagerar, una de las leyes más violadas en el mundo por parte de aquellos que han jurado solemnemente su cumplimiento, entre ellos, muchos integrantes de los poderes federales y estatales, así como por los miembros de esa nueva casta burocrática divina enquistada en las mal llamadas “OCA’s”, o sea, los órganos constitucionales autónomos.

Cierto es que hoy resulta imposible recorrer esta República sin toparse uno con los signos insultantes de la corrupción y la impunidad. Basta hacer un periplo de norte a sur para darnos cuenta de que todo esto es un tejido de robos, peculados, despojos y violaciones en contra de la Constitución.

Guillermo Padrés, exgobernador de Sonora, está en la cárcel. César Duarte, exmandatario de Chihuahua, es investigado. El de Coahuila, Jorge Torres López, anda prófugo. Rodrigo Medina, de Nuevo León, salió del penal. Tomás Yarrington, de Tamaulipas, prófugo; asimismo el de Veracruz, Javier Duarte. Y el de Quintana Roo, Mario Villanueva, de vuelta en la cárcel. De igual forma Roberto Borge, exgobernador de Quintana Roo, es investigado. Fidel Herrera, exgobernante de Veracruz, acaba de ampararse y Luis Reynoso Femat, de Aguascalientes, fue sentenciado a seis años de prisión.

Y falta mencionar a los alcaldes, jueces, legisladores, consejeros y demás ralea de impúdicos truhanes, sin olvidar a las damas que también le tupen duro a nuestra Constitución. Ejemplos fehacientes: las panistas Margarita Arellanes y la “Chapodiputada”, Lucero Sánchez, así como Mary Telma Guajardo, exdiputada perredista solapadora del prófugo Julio César Godoy, al que ayudó a blindar con fuero en el Congreso de la Unión para ayudarlo a escapar.

Y mire usted, el hecho de que Telma Guajardo se presente como posible candidata del PRD al Gobierno de Coahuila es la prueba más palpable de la degradación moral como matriz corrupta de nuestra identidad nacional.

Y eso ya lo vemos como una normalidad porque estamos tan maleados que tal vez para nosotros ya no exista redención. Y esto lo decimos parafraseando a T. W. Adorno: “Un México justo sería ya intolerable para cualquier ciudadano de nuestro Estado fallido. Estamos demasiado dañados como para tener redención”.

Y por eso mismo es que admiramos al “Chapo” y a la “Chopa”, al “Coco” y al “Cuco”, al “Mono” y al “Metro”, a Lito y a Ochoa, a Telma y a Trini, a Rosendo y a Salcido, a la corrupción y a la impunidad, al grado de hacerlos perennes, de nunca dejarlos ir, como si padeciéramos de coprofilia, que es la fascinación enfermiza y fetichista por la caca.

No hay mucho que celebrar en este día si los que están reunidos en Querétaro no honran su promesa de cumplir y hacer cumplir una Constitución, que ha sido violada en todo el siglo de su existencia.

Nada que celebrar si no respetamos la memoria de aquellos que lucharon por una Constitución que ya no existe, porque la actual ya no es hija de la Revolución, sino de las reformas impuestas por el Consenso de Washington y el Fondo Monetario Internacional.

Y la prueba de que no respetamos la memoria del apóstol Francisco I. Madero, ni la del constitucionalista Venustiano Carranza, es el hecho de que en Parras de la Fuente, “Cuna de la democracia”, impera el cacicazgo de Evaristo Madero Marcos, aberrante involución del maderismo; y de que en Cuatro Ciénegas, la tierra de Carranza, la figura política más prominente es hoy la de Telma Guajardo, cacica del PRD, ambos, enemigos nefastos de la Constitución.