Empoderamiento
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Empoderamiento
Tienen razón los líderes del Congreso local. Nadie les puede ordenar qué hacer. Los 42 diputad@s integran un órgano soberano. Sólo ell@s decidirán la sanción a quien transformó esperanza en vergüenza.
Concedido: son 42 voluntades se convertirían en una. El respeto que reclaman no impide, sin embargo, repasar la histórica coyuntura.
En momentos trascendentales, las líneas y prioridades partidistas toman un asiento trasero. El Congreso es un órgano de gobierno. Representa la soberanía de Nuevo León; pero México y el mundo nos estarán observando.
México, tiene grandes problemas. Se ha retrasado en crecimiento y desarrollo. Su Presidente que provoca escalofríos. Pero el gran problema es otro.
Los mexicanos nos creemos muy machos, duchos, chichos o truchas. Pero nuestro barómetro cívico está en casi cero. La auto-estima y responsabilidad cívica del mexicano debe ser de las más bajas del planeta. Los mexicanos se sienten impotentes frente a sus gobernantes, castrados ante la injusticia, anulados frente al poder, y temerosos de hacer valer sus derechos.
Nuevo León ha sido —en contraste con otros estados— un líder en materia democrática. Aquí el PAN pintó huella desde el inicio de los sesentas. Aquí hubo alternancia antes que en otros estados. Aquí elegimos a un independiente sentando un precedente valioso para el resto del País. Nuevo León ha roto muchos moldes. Y aún así, nos falta mucho.
Es entonces el empoderamiento ciudadano un objetivo supremo. Entre más valga el ciudadano, mayor vale su representación en el Congreso estatal. Nuevo León ya demostró su valía en las urnas, ahora le toca al Congreso del Estado y a cada uno de sus diputad@s reafirmar esa soberanía para hacer a un lado a un mal gobernante.
Soberanía significa un poder por encima de cualquier otro. Ningún juez o tribunal podrá borrar o enmendar lo que el Congreso local decida para cumplir con la sentencia impuesta a dos servidores públicos que dejaron de actuar como tales, y abusaron flagrantemente, desvergonzadamente, de su posición de mando. Y todavía salen debiendo otras.
Es cierto que México es una democracia incipiente. Precisamente. Porque los ciudadanos no se sienten debidamente empoderados. Quizá fueron las décadas de una democracia simulada, dirigida, controlada desde arriba, lo que adormeció a varias generaciones.
No es broma decir que si el País estuviera poblado por japoneses o coreanos seríamos la gran potencia mundial. El ingrediente faltante es sabernos, creernos y tornarnos empoderados.
Pocas oportunidades hay de hacer lo correcto con un efecto tan expansivo y contundente. Al Congreso le toca ser como un gran embudo por el cual se concentra la aspiración de Nuevo León de volver a poner un ejemplo que sacuda a todos los mexicanos.
A México le urge que Nuevo León actúe con grandeza de miras, con confianza en sí mismo. Una inyección de confianza y seguridad en nosotros mismos repercutirá en muchas otras comunidades.
México —y así apuestan muchos inversionistas— está destinado a ser grande. Cuidemos pues a esa mayoría joven. Que no les falte el ingrediente misterioso que se llama fe en un destino compartido. Darles esto no cuesta, es gratis. O que alguien me explique de quien es culpa que esta motivación esté tan escasa.
Tenemos todo para volar. No es falta de alas. No es falta de energía. No es falta de buenos ejemplos. Solo no falta el fuá, fuá, fuá. Esa fuerza vital que hace la diferencia entre una persona con vida y un cuerpo inerme en una loza listo para la autopsia de ley.
La vida es una lucha constante contra las fuerzas del desorden. Por ello, el recurso más preciado es la buena información —que a su vez genera organización. Nunca será exageración decir que el Congreso es un órgano vital de la sociedad en su conjunto. Hoy, la buena información —una sentencia definitiva— lo alimenta.
Nadie puede ordenar a los diputados. Los hechos tienen la palabra. Somos o… ni somos, ni seremos. Esto lo resume.